La primera delantera eléctrica y el Real Oviedo de los años 30

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El concejo asturiano de Oviedo, que incluye la capital de Asturias, tiene actualmente más de doscientos mil habitantes. Su origen se remonta a la Alta Edad Media (siglo VIII), aunque puede ser incluso anterior. La ciudad comprende una parroquia homónima, cuya historia está ligada a la capitalidad de Asturias, primero como reino Astur y después como Principado, para finalmente establecerse como centro administrativo de la provincia y la autonomía. La historia de la ciudad de Oviedo es la de un cruce de caminos, la de un punto clave en la historia del norte de la Península e incluso de la Europa medieval. El Camino de Santiago y la Ruta de la Plata tienen en Oviedo un alto en el camino de ambas rutas, que contemplan también una historia milenaria.

La historia del fútbol en la ciudad de Oviedo comienza como en muchos otros sitios: con el retorno de estudiantes de clases adineradas que cursaban sus estudios en Inglaterra, donde habían practicado un novedoso juego de equipo llamado foot-ball. Ya en 1903 se forman los primeros equipos que juegan partidos de exhibición en el Campo de Maniobras de Llamaquique ante otros clubes de Gijón y Avilés. En cualquier caso, aquellos proyectos no pasarán de ahí. El primer equipo verdaderamente representativo de la ciudad se funda en 1914: el Real Stadium Club Ovetense. En 1919 se funda el segundo, el Real Club Deportivo Oviedo. Desde el comienzo, se crea una gran rivalidad en la ciudad entre este club, tenido por el club de las clases pudientes; y el Stadium Ovetense, representante de las clases populares. A pesar de todo, el Stadium Ovetense siempre está por encima del Deportivo Oviedo.

En aquella época, la principal competición futbolística española era la Copa del Rey. Participaban en ella los ganadores de los campeonatos regionales que se disputaban previamente, entre ellos el Campeonato Regional de Asturias. El primer gran triunfo llega de la mano del Stadium que, en 1925, consigue proclamarse campeón de Asturias y juega la Copa del Rey de 1925, donde queda apeado en cuartos de final. El siguiente año es un desastre para ambos equipos de Oviedo, por lo que rápidamente se vio la conveniencia de fusionarlos para dar crear un club más poderoso.

El gran portero del Stadium Ovetense, Óscar Álvarez, medió ante ambas directivas para conseguir llegar a un acuerdo. El 14 de marzo de 1926 se reunieron los dirigentes de ambos clubes para fijar las condiciones del acuerdo: el 26 de marzo se volvieron a reunir para dar su acuerdo final. Esa fecha es la que se tiene por la de fundación del nuevo club, aunque el acta de fusión se firma el 26 de abril. En estas reuniones se determinaron los estatutos del nuevo club, que el color de la camiseta sería el azul y que en el escudo figuraría la Cruz de los Ángeles, símbolo de la ciudad.

El primer partido del Real Oviedo se juega en el estadio Vetusta del Stadium (situado en el barrio de Fozaneldi) frente al Arenas Club de Guecho, uno de los equipos más fuertes del momento. El Real Oviedo perdió por 2-6. Jugaron Óscar Álvarez; Comas, Trucha; Justo, Mieres, Obdulio; Tiesu, Emilio Menéndez, Ángel Avilesu, Barril y Pepín. Unos pocos años después se formaría en el histórico club carbayón la que sería una de las delanteras más conocidas del fútbol español, la primera delantera eléctrica del Oviedo.

Casuco, Gallart, Lángara, Galé e Inciarte. Cinco nombres propios para una delantera histórica, La eléctrica. Su legado en solo dos temporadas, 34 partidos y 101 goles. A esa leyenda le sucedería meses después una aún mayor, una regla mnemotécnica en forma de oración corta, de fácil recuerdo, que mayores y pequeños recitaron (y todavía recitan en la actualidad) de memoria. Fue la segunda versión de la delantera eléctrica: Casuco, Gallart, Lángara, Herrerita y Emilín. Sus méritos: dos temporadas, apenas 54 partidos juntos y 124 goles. Ni siquiera el odio, la muerte y la hambruna de la Guerra civil española pudo acabar con los recuerdos de quienes fueron testigos de una hermandad de jugadores a los que, si les paraban los pies, les salían alas. Tenían el gol inyectado en la sangre y el azul del Oviedo en las arterias.

La delantera eléctrica fue el sobrenombre de aquella delantera que marcó los años 30 del Real Oviedo. Por aquel entonces se jugaba con cinco delanteros, por lo que las goleadas eran muy comunes. En dos temporadas (la 31-32 y la 32-33) jugando 16 y 18 partidos en cada una, marcarían un total de 101 goles, colocando al equipo como máximo goleador de la liga. En su segunda temporada juntos, el Real Oviedo conseguiría el ascenso a la Primera División. De esta delantera eléctrica cabe destacar a su mayor artífice, Isidro Lángara, tres veces Pichichi en la máxima categoría del fútbol español y uno de los tres jugadores en la historia del fútbol mundial en tener al menos un trofeo de máximo realizador en tres ligas de distintos países. En este caso lo consiguió en España, Argentina y México.

Ya en la división de honor se formaría la segunda delantera eléctrica, que perduraría hasta el comienzo de la guerra. En tres años, el Oviedo fue una vez el máximo realizador de la liga y otras dos el segundo máximo anotador. Siempre, el delantero que más goles anotó fue Lángara, con 81 goles en 60 partidos de liga, a los que hay que añadir otros 17 en 12 partidos con la Selección. Tras el inicio de la guerra, no volverían a jugar juntos.

Por último, se llegaría a formar una tercera delantera eléctrica. Esta solo duró dos años, porque muchos equipos de la liga pretendían fichar a sus integrantes. En dos temporadas marcarían un total de 124 goles en 54 partidos. Ellos, como muchas otras delanteras de aquella época de fútbol de ataque sin reservas, pasaron a la historia con estos apelativos. No fueron los únicos. En aquellos años se enfrentaron a la Primera Delantera Histórica del Ath. Bilbao de principios de los años 30 (también conocida como el ataque mortífero); a los stukas del Sevilla, F.C. de la posguerra; o a la delantera de seda del Atlético de Madrid, por mencionar alguno de los muchos ejemplos existentes.

El periodista local Moncho, que firmó durante muchos años las crónicas de los partidos del Real Oviedo en La Voz de Asturias, fue quien tuvo la idea de bautizarles como la delantera eléctrica ya en la temporada del primer ascenso carbayón a Primera División. No faltaban motivos para el entusiasmo, porque los jugadores comenzaron a acostumbrar a la parroquia azul a las tardes de las grandes goleadas en el viejo Buenavista. Prácticamente se les exigía que marcasen cinco goles para poder decir que había salido el Jorobu, ya que el número 5 del marcador del estadio tenía un trazo defectuoso que el ingenio popular comparó por su semejanza con la figura de una joroba.

Los cambios en la formación del quinteto en los años venideros harían que fuese la primera de las tres delanteras la que conquistase el apelativo. Tímidamente, en Valencia intentaron apropiarse de él para el gran ataque de su equipo en los años 40 (Epi, Amadeo, Mundo, Asensi y Gorostiza), pero acabaron desistiendo. La verdadera delantera eléctrica es la del Real Oviedo, con Casuco en el extremo derecha, proveniente del Stadium Avilesino en la temporada 1931-32, aunque no llegó a jugar partidos de Liga aquella campaña ya que su puesto era ocupado por Polón. Formó una gran pareja en la banda con Gallart, que se había incorporado a la disciplina azul un año antes, aportando una enorme rapidez al juego del equipo con sus internadas.

El directivo Luis Botas se había desplazado a Barcelona para concretar el fichaje del barcelonista Sastre y, al no presentarse este a la cita, cambió el objetivo y con las 45.000 pesetas que llevaba para realizar la operación, se trajo para Oviedo a los españolistas Tonijuán (que tras jugar solo una temporada colgaría las botas y se haría cargo del banquillo del equipo al que llevó a Primera División) y al propio Gallart. El barcelonés era un interior de poca estatura (1,65 metros) y aportaba uba constante brega. Llegó a Oviedo habiéndose hecho un nombre en el fútbol español, como integrante del Español del mítico Ricardo Zamora. Incluso sabía lo que era marcarle goles al que iba a ser su nuevo compañero, el portero local Óscar, al que marcó dos tantos en la victoria por 2-0 del Español sobre el Real Oviedo en el partido de ida de cuartos de final de Copa del 4 de mayo de 1930.

Gallart no llegó a ser internacional pese a ser convocado para el España – Yugoslavia disputado en Buenavista en 1932 y de que jugó en plena Guerra civil con un combinado que se enfrentó a Portugal en Vigo en noviembre de 1937, en un encuentro que no sería reconocido como oficial por la FIFA. Integró también la segunda delantera eléctrica y hasta jugó en el Real Oviedo de la posguerra tras su cesión al Racing de Ferrol, hasta que causó baja en 1943. Su rendimiento en las nueve temporadas que vistió de azul fue extraordinario, marcando 39 goles en los 134 partidos de liga que disputó entre sus participaciones en la Primera y Segunda División. Fue uno de los jugadores que llevó por vez primera al Oviedo hasta la máxima categoría del fútbol español, al margen de sus participaciones en Copa y en los diversos campeonatos regionales.

Mediada la temporada 1930-31, llegó a Oviedo un vasco que iba a ser considerado por muchos el mejor delantero centro mundial de la época, Isidro Lángara. Tuvo unos comienzos difíciles en los que la directiva presionaba para que el puesto de delantero centro lo ocupase el canario Álamo en contra del criterio del entrenador; el técnico Patricio O’Connell había descubierto en su primer entrenamiento sus grandes cualidades, afirmando que se trataba «de un diamante sin pulir, una mina de oro». O’Connell, en cierto modo, tuvo que abandonar el cargo por su postura; y Lángara, con el tiempo, iba a darle la razón a su entrenador: convenció a todos y se quedó en propiedad con el puesto de ariete. Su facilidad anotadora le llevó a debutar con la Selección española cuando todavía jugaba en Segunda División con el Oviedo. Y es que la fama que estaba alcanzando la delantera eléctrica no se veía afectada por ese motivo. Remataba desde cualquier posición, en cualquier postura y con una dureza asombrosa que causaba admiración y temor en los porteros.

El otro asturiano de la delantera era Gonzalo Díez Galé. Con diecisiete años ya jugaba en el Stadium Avilesino y al poco tiempo fue fichado por el Real Madrid, con el que jugó dos temporadas antes de regresar a Avilés. El fútbol era para él algo secundario a los estudios. Del equipo avilesino pasó al Oviedo como poco haría el citado Casuco, para jugar en el equipo carbayón dos temporadas (1931-32 y 1932-33). Abandonó la práctica futbolística tras el ascenso oviedista a primera para dedicarse únicamente a su actividad académica. Había marcado nada menos que 17 goles en 31 partidos de Liga, lo que demuestra sus facultades goleadoras pese a jugar de interior. Cabe señalar que las secuelas que le había dejado una  grave lesión también influyeron en su decisión.

Galé era un jugador eminentemente elegante. Se compenetraba de maravilla con Lángara. En abril de 1933 fue convocado y jugó dos partidos con la Selección española, en otro claro ejemplo de que la militancia oviedista en Segunda División no era obstáculo para que la calidad de lo integrantes de esta delantera de lujo fuesen reconocidos a nivel nacional. Fue el segundo internacional español del Oviedo. Completaba el grupo como extremo izquierda Inciarte, un vasco que estuvo bajo la disciplina azul entre la temporada 1930-31 y la 1935-36. Bastante veloz, si hubiese que definirle con una palabra esta sería improvisación. Hasta la llegada de Casuco, disputó muchos partidos en la banda derecha. Polón era el acompañante habitual de Galé por la izquierda.

La capacidad anotadora de la primera delantera eléctrica fue la clave para lograr el ascenso del club azul a la Primera división española, categoría en la que el Real Oviedo se encuentra entre los veinte equipos con más temporadas acumuladas.

El siguiente vídeo forma parte de la colección de RTVE Históricos del Balompié. En él se habla de la primera etapa de la historia del Real Oviedo, haciendo especial hincapié en la primera delantera eléctrica, aquel ataque inolvidable para la memoria de la hinchada oviedista. La delantera formada por Casuco, Gallart, Lángara, Galé e Inciarte:

Pentayus

Editor-redactor del Blog El domingo a las cinco y editor-tertuliano del Podcast Lleno hasta la bandera
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