Rosie the Riveter ¿icono feminista?

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Es probable que en alguna búsqueda relacionada con el feminismo o incluso entre la publicidad que hayamos visto sobre este tema y el empoderamiento femenino, encontrásemos la imagen de una mujer con el pelo recogido con una cinta roja, remangada, enseñando el brazo y con un gran eslogan sobre ella: «We can do it!». Quizá convendría repasar su historia y preguntarnos si la revolución feminista debería seguir llevándola por bandera o debería buscar nuevos iconos. 

Su nombre es Rosie the Riveter (literalmente, Rosie la remachadora), a pesar de que las llamadas Rosies aparecían en otro tipo de carteles publicitarios. Es común encontrarlas también en artículos de merchandising, tatuajes, disfraces, etc., promulgando siempre la emancipación y el empoderamiento de la mujer. Sin embargo, quizá debamos pararnos a analizar la historia de este icono para descubrir todo lo que representa.

Su origen se sitúa en los Estados Unidos de América de la Segunda Guerra Mundial. El cartel del We can do it! aparece por primera vez en 1943, y fue diseñado por J. Howard Miller para la compañía Westinghouse Electric con el objetivo de levantar la moral de los trabajadores. Las Rosies recibieron su nombre de una canción escrita por Redd Evans y John Jacob Loeb y su historia como representación de las mujeres que trabajaban en las fábricas se remonta al año 1942. La primera de la que hay noticia aparece en la portada de la revista Saturday Evening Post y sirvió de modelo para todas las posteriores.

Las películas y diversas piezas de propaganda que usaron esta imagen tenían como objetivo animar a las mujeres a salir al mundo laboral; en aquella época, el número de empleadas aumentó en seis millones solo en EEUU, pasando del veintisiete al treinta y siete por ciento de trabajadores y superando, por tanto, la barrera del tercio de la fuerza de trabajo norteamericana. Pero, ¿por qué se orquestaba una campaña para que las mujeres, relegadas a la vida doméstica desde siempre, salieran a buscar un empleo?­­

Lo cierto es que, durante el conflicto, muchos hombres jóvenes estadounidenses estaban en el frente y se necesitaba a alguien que les sustituyera temporalmente. Si bien muchas mujeres ya estaban convencidas de la necesidad de trabajar hasta que sus maridos volvieran de la guerra, faltaba convencer a los hombres; había que explicarles que las mujeres no iban a quitarles sus puestos de trabajo, que no podrían hacerlo mejor que ellos (por algo cobraban solo el el cincuenta por ciento del sueldo de sus compañeros); había que apaciguar uno de los grandes miedos de la sociedad ante la situación y asegurar que las mujeres no iban a perder su feminidad por el hecho de trabajar.

Si nos fijamos en los diferentes carteles propagandísticos de la época, las Rosies siempre son mujeres que, aunque trabajan en cadenas de montaje que requieren un gran esfuerzo físico, van perfectamente arregladas; son guapas y, de hecho, las empresas ofrecían cursos a sus empleadas sobre cómo maquillarse y peinarse para ir a trabajar. ­

El problema llegó cuando, al final de la Segunda Guerra Mundial, muchas de ellas (aproximadamente el setenta y cinco por ciento), seguían decididas a continuar trabajando. La mayoría fueron despedidas, reemplazadas por hombres y relegadas, como antes de la guerra, al seno del hogar familiar, donde continuarían cumpliendo con el papel de modélica ama de casa.

Tampoco hay que olvidar la segregación racial de la época: Rosie solo representaba a las mujeres americanas blancas. De hecho, las mujeres de cualquier otra raza cobraban menos aún, siempre y cuando, claro está, pudieran encontrar un trabajo remunerado.

La imagen de Rosie y su asociación al cartel del We can do it! fue recuperada en los años 80 para promover el feminismo e incluso en campañas políticas como la de 2010 para celebrar el nombramiento de la primera ministra de Australia, primera mujer en ostentar dicho cargo. Pretende simbolizar el empoderamiento de la mujer y la lucha por la causa de la igualdad de género. Últimamente, ha sido común ver a artistas famosas recreando la imagen, como las cantantes P!nk y Beyoncé. Sin embargo, ¿es coherente a día de hoy seguir utilizando una imagen que pretendía reclutar mano de obra barata temporalmente, exhortando a las mujeres a seguir estando bonitas para los hombres bajo cualquier circunstancia?

Como hace poco recordaba Angela Davis (gran exponente de la lucha antirracista, anticarcelaria y feminista en Occidente), «la revolución será antirracista o no será». Desde este punto de vista, que una artista como Beyoncé emplee un icono que excluía a las mujeres negras e incluso fomentaba la discriminación racial es cuanto menos irónico. Al margen de la necesidad de la mano de obra femenina durante la Segunda Guerra Mundial y de que, indudablemente, en aquel momento fuese un gran logro que las mujeres salieran a trabajar, el icono actualmente parece obsoleto y su historia no representa los ideales del feminismo.

Entonces, ¿por qué se sigue usando de este modo? En primer lugar, por desinformación; y, en segundo lugar, por la primacía del postureo sobre los ideales, una característica de la sociedad en la que vivimos, en la que es más importante aparentar que ser. Al fin y al cabo, Rosie es una imagen bonita, tiene un look sexy, atractivo, queda bien en una camiseta y, si no tenemos una a mano, ponerse una cinta roja en la cabeza para ir a una manifestación feminista también es cool.

Pero el feminismo no trata, o no debería tratar, sobre cosas bonitas y atractivas. Toca temas serios, delicados y que deben incomodar y hacer reflexionar. Rosie ya no hace reflexionar a nadie y por eso es hora de buscar nuevos iconos, nuevas imágenes actualizadas y representativas de lo que pretende conseguir el movimiento feminista del siglo XXI. Ya no se trata simplemente de ir a trabajar estando guapas.

Marta Carbajal
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2 comentarios

  1. La verdad es que tiene gracia que la imagen del feminismo anticapitalista contemporáneao sea un cartel de propaganda para mantener la producción capitalista en un mundo que estaba en guerra por culpa de los totalitarismos que habían surgido en Europa a causa de las crisis del capitalismo.

  2. Realmente el uso de esa imagen no se aleja de otros casos, vease el Che, en camisetas y usando hoy dia como producto capitalista. Obviamente la critica del articulo va por otros lugares, igualmente importantes, pero en el fondo cuando un simbolo es usado o mejor dicho, nos quedamos con su imagen y dejamos fuera todo el contenido, obviamente sera usado incorporado al sistema, dejando de todo elemento subversivo o critico. El problema por tanto no seria tanto que esa imagen es anacronica, puede serlo si tenemos en cuenta als criticas o las consecuencias de su contexto, sino por el aspecto anterior, usar simbolos y quedarse en ellos

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