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Simios, siervos y robots – 3 de febrero

Elon Musk le ha puesto un implante cerebral a un mono para que juegue al ordenador. Con sus propios pensamientos. El plan lo ejecuta su empresa Neuralink. Después de los simios, aspira a instalar circuitos y sensores en cerebros humanos para que puedan comunicarse con las máquinas. O entre sí. «Estaría muy guay», sueña el millonario Musk, también promotor de los coches sin conductor y de los cohetes que van a llevar turistas al espacio este mismo año. En el futuro presente que diseña Musk, se podrá escapar sin pisar el acelerador y saltar a la galaxia solo con pensar en la cuenta atrás. La era de la pandemia acelera las huidas de la humanidad.

En 2021 se cumple un siglo de la palabra robot y los seres humanos siguen imaginando replicantes. La empresa Hanson Robotics quiere producir cientos de ejemplares de su modelo Sofía para cuidar de enfermos y ancianos. Creen que la pandemia dispara la demanda de androides como el suyo, al que le han puesto un rostro inspirado en Audrey Hepburn: «la vida es dura, después de todo te mata», decía la actriz. Los robots no han matado a nadie, todavía, pero sí se espera que eliminen ochocientos millones de puestos de trabajo en los próximos años. Enfermeras y oficinistas serán víctimas de esta guerra contra las máquinas: para que la gente esté segura, eliminemos a las personas.

El robot fue un personaje del dramaturgo Capek: roboti, trabajo duro en checo, el que regalaban los siervos de Bohemia a sus señores. Los robots como siervos felices, despreocupados esclavos al servicio del patrón, son el sueño necesario de un sistema más enamorado de la plusvalía que de la humanidad. El límite es el cuerpo, como entendió Charles Chaplin en Tiempos Modernos: en las cadenas de producción de Henry Ford, los humanos podían acabar convertidos en cobayas o simples estorbos de un mecanismo que terminaría por aplastarlos: el hombre en la tuerca, esclavo del engranaje, expulsado hacia la muerte o la locura. O la revolución y la cárcel, por levantar la bandera.

Las revoluciones que se aplauden hoy son batallas estériles contra robots sin rostro. Las emboscadas contra Wall Street del año de la peste revelan la distopía en la que vive un capitalismo entregado a algoritmos indiferentes a la vida o la muerte de empresas y trabajadores. Pero Robin Hood no puede vencer a un Terminator invisible. Por eso en Mr. Robot, la gran serie de Sam Esmail, su protagonista decide atacar lo tangible, el núcleo del sistema operativo del globo: el dinero. Eso que hace de Elon Musk uno de los hombres más ricos del mundo a costa de conducirlo a una versión macabra del planeta de los simios del que tampoco habrá escapatoria.


Notas de Extramuros es una columna informativa de Siglo 21, en Radio 3. Puedes escucharla en el siguiente audio y acceder al programa pulsando aquí. También puedes revisar todas las Notas de Extramuros en este Tumblr.

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