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Bajarse del mundo en Detroit – 8 de julio

El repartidor de Amazon se hartó de su trabajo y dejó la furgoneta en la calle. Con los paquetes dentro. E informó al mundo a través de su cuenta de Twitter: «a la mierda conducir», anunció Derick Lancaster, que dio la ubicación de la furgo: una barriada de Detroit. «Tiene el depósito lleno y las llaves están en el contacto», informó Derick, que luego, sin embargo, se arrepintió y volvió junto al vehículo para esperar a su jefe. Sí que dejó el curro: porque su salud mental no se paga con 15,50 dólares a la hora por entregar doscientos pedidos de nueve a nueve. Amazon asegura que su caso «no refleja los altos estándares» de la compañía. Y que lo está investigando.
«Sorry, we missed you»: lo sentimos, no estabas. Amazon les hace la pelota a sus clientes cuando no los encuentra en casa. Es el título de la última película de Ken Loach. Transcurre en Newcastle, norte de Inglaterra, donde todavía no se han levantado de la última crisis y gente como Ricky, el protagonista, tiene que dejarse la vida repartiendo paquetes. A Ricky le manda el jefe, un tipo que organiza los turnos de la empresa de transportes, y la máquina de Amazon que le indica dónde y qué tiempo tiene para entregar el siguiente pedido. Es un esclavo, aunque la empresa lo llama partner, socio: la pura explotación seduce con adulación y necesidad.
La explotación prohíbe (como intenta Amazon) sindicatos y huelgas. O bajarse de la furgoneta, como Derick Lancaster de Detroit, la ciudad fantasma. Detroit empezó a hundirse cuando las enormes factorías de coches decidieron irse porque sus trabajadores luchaban salarios y derechos. Ford, Chrysler y General Motors se fueron para no pagarles. Lo que es bueno para General Motors, es bueno para Estados Unidos, decía su patrón a mediados del siglo XX. Hoy Detroit es un erial donde se hacen reportajes fotográficos de la desolación. La pobreza, por supuesto, tiene raza: el ochenta por ciento de las vidas que no importan en Detroit son negras. Como la del propio Derick Lancaster.
General Motors tenía su sede en Highland Park, donde Clint Eastwood ambientó Gran Torino, que era su coche de una era pasada, como los westerns crepusculares que rodó en Almería y que no serían cine sin la música de Ennio Morricone. La nostalgia es la reina de los funerales. En los de Detroit pueden elegir banda sonora: el soul Motown, el techno de los ochenta o el garaje. «Voy a luchar contra todos ellos, un ejército de siete naciones no puede detenerme», rasga Jack White en el himno que convirtió al rock en un grito tifosi. Aunque en la misma canción para el carro y se baja del mundo: prefiere irse a Wichita, a trabajar la paja, lejos de esta ópera para siempre.

Notas de Extramuros es una columna informativa de Siglo 21, en Radio 3. Puedes escucharla en el siguiente audio y acceder al programa pulsando aquí. También puedes revisar todas las Notas de Extramuros en este Tumblr.

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