Bolsonaro: bala y cruz para Brasil – 25 de julio de 2018

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El próximo presidente de Brasil será elegido cuando en el trópico acabe el invierno. Y uno de los favoritos es Jair Bolsonaro, segundo en las encuestas tras el preso Lula: promete bala para los bandidos y moralidad cristiana para un Brasil donde, según él, los negros liberados de la esclavitud «no sirven ni para procrear». En el Brasil de Bolsonaro, diputado desde hace treinta años y votado la última vez por medio millón de personas adultas, hay mujeres como la comunista Maria do Rosario, de quien dijo que no merecía ser violada por fea. La belleza moral de Bolsonaro se basa en la autoridad militar porque, dice él, los problemas no se resuelven con una democracia irresponsable sino con nación, familia y pólvora.

Bolsonaro lanza su candidatura cuando en Brasil se conoce que la mortalidad infantil ha crecido por primera vez en tres décadas y cuando el hambre vuelve a ser un fantasma que recorre los campos del mayor productor de soja, carne y pollo del planeta. Fome Zero, «Hambre Cero»: el programa de Lula, y después Dilma, entró en cuarentena con los expresidentes encarcelados o cesados por una democracia dizque liberal que sí da de comer copiosamente a sus élites. En Brasil, el 1% de la población concentra el 28% de la riqueza nacional. El político al que en Brasil comparan con Trump forma parte del club. Contra el hambre, Bolsonaro propone agronegocio armado.

Juega con fuego, juega con armas; es fácil impresionar a alguien», cantaba Neil Tennant hablando del amor quizá homosexual que Bolsonaro considera enfermedad. El candidato adora las pistolas apuntadas a su propio pueblo, porque para eso están hechos los ejércitos de América desde que Washington los nombró guardianes de su patio trasero y los armó a todos con los mismos fusiles: «para matar a tu hermano, soldadito boliviano». Bolsonaro anuncia que tendrá militares en su gobierno, como la dictadura que añoran él y sus votantes: «necesitamos jerarquía y disciplina para tener orden y progreso». Como en la enseña nacional. En el eslogan va la penitencia.

Brasil, «país del futuro», ese que se inventó cuando Kubitschek decidió construir una capital en la selva a la que llamó Brasilia, y contrató al mejor arquitecto para diseñarla. Niemeyer plantó hormigón en las planicies de Goiás y la frontera agrícola avanzó unos kilómetros más, rumbo al Amazonas, el primer río del mundo que tuvo un teatro de la ópera antes que un pueblo para cantársela. Se estrenó con La Gioconda, de Ponchielli, y su famosa Danza de las horas, popularizada por Disney en Fantasía y todavía más por Knorr en sus anuncios de sopas con fideos. Al fascismo le gusta apelar al estómago para que el hambriento alimente la gloria mentirosa de la bandera.


Notas de Extramuros es una columna informativa de Siglo 21, en Radio 3. Puedes escucharla en el siguiente audio y acceder al programa pulsando aquí. También puedes revisar todas las Notas de Extramuros en este tumblr.

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