Bolsonaro: Dios vuelve a ser brasileiro – 31 de octubre

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Lo primero que hizo Jair Bolsonaro cuando le dijeron que sería el presidente de Brasil fue rezar. Con su mano derecha, agarró a su mujer. Y le dio la mano izquierda al pastor Magno Malta, reloj de oro: «la única autoridad es Dios: Brasil por encima de todo, y Dios sobre todos». Jair Bolsonaro ha sido votado por cincuenta y siete millones de brasileños para servirles a ellos, pero sobre todo, a Dios. «Deus é brasileiro», decían en broma hasta hace poco. El cambio de Brasil se mide por el humor. Ahora el chiste, pecado. Brasil revierte la ontología de la Modernidad en busca de su arcadia feliz: por el imperio, por el poder, hacia Dios. Sin rojos, sin homosexuales. A Dios le gusta la patria, pero no los comunistas. Dios no es gay.

A Bolsonaro le acompaña en esta psicodelia teocrática un superministro de economía que no se sabe si es muy del dios de los neopentecostales pero que sin duda adora a la divinidad posmoderna, que es el dinero. Paulo Guedes, «Chicago Boy», neoliberal de primera fila, quiere privatizarlo todo. Eso agrada a la Bolsa de São Paulo, que hizo su misa de lunes con ganancias. Exxon Mobile, una de las multinacionales que pueden aprovecharse de las riquezas petroleras eventualmente privatizadas de Brasil, también se puso verde: el color del Amazonas que dejará de ser, o el azul del petróleo atlántico, es el oro de los mercaderes que tomarán el reino. A Dios sí le gusta el dinero.

Dios y capital, Biblia y dólar. La fórmula de Estados Unidos es la bandera de Trump, comandante en jefe, y de Bolsonaro, rey de los grupos de Whatsapp. Las redes sociales, tercera catedral del mundo de hoy, son pasto de trolls y bots uniformados con la camiseta de la corrupta Federación Brasileña de Fútbol en nombre de la honradez, para bombardear los espejos negros de los votantes brasileños con mentiras y fábulas que han llevado a su líder al altar. La oposición no pudo hacer lo mismo. La red se domina con ejércitos y dinero: en Brasil, rebaños de fieles con los bolsillos llenos de ira celestial y parné. A Dios le gusta la mentira.

«Yo tengo el músculo, tú tienes el cerebro: vamos a hacer mucho dinero». En los ochenta thacherianos la verdad no importaba, cantaba el pop no sometido. Se imponían los números del lucro bursátil y la energía cocainómana de los futuros vencedores de la Guerra Fría con armas, capital y propaganda: Santísima Trinidad, para hacer más dinero. Ahora que dicen que la verdad es líquida vuelve Dios con sus edenes, Dios con sus soldados de Cristo o Alá dispuestos a mentir y matar por el poder en la tierra. A Dios le gusta ganar elecciones porque la lucha del bien contra el mal nunca termina, como ya dijo aquel otro militar de patria y fe llamado Francisco Franco.


Notas de Extramuros es una columna informativa de Siglo 21, en Radio 3. Puedes escucharla en el siguiente audio y acceder al programa pulsando aquí. También puedes revisar todas las Notas de Extramuros en este Tumblr.

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