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G7: cumbres, policías y elefantes – 29 de junio

La policía en BMW patrulla Garmisch. Las furgonetas venidas de Berlín descargan agentes. Son jóvenes, apuestos, guapas, amables. Guten Morgen. Dieciocho mil policías desde Munich hasta el castillo de Elmau han vigilado la cumbre del G7: para prevenir atentados contra la seguridad de los líderes de las economías capitalistas de régimen democrático más poderosas del planeta. A los manifestantes venidos de toda Alemania les ha impresionado el despliegue. Los han confinado en un camping: el protest camp, de donde han salido para protestar contra la guerra y el cambio climático, del que culpan al capitalismo. Hasta la protesta está encauzada en el corazón de Baviera.

El G7 nació con la crisis del petróleo, es decir, cuando Estados Unidos y Europa se dieron cuenta de que los países árabes podían decidir cuándo cerrarles el grifo de la energía. Washington siempre ha liderado el grupo. Se reúne todos los años y así los presidentes y primeros ministros hacen un turismo privilegiado. Al castillo de Elmau, en plenos Alpes bávaros, no accede nadie más que ellos y sus esposas, sus equipos de prensa y seguridad, sus medios favoritos. Se llega en autobús o en helicóptero. Las aeronaves del ejército alemán vienen y van de las cumbres a las vegas donde las vacas observan impasibles cómo se agranda la huella de carbono.

A los periodistas nos mantienen en dos rediles. En Garmisch está la tropa de agencias, periódicos y televisiones de países no directamente representados en el G7. Y las caras B de los que sí. Desde el centro de prensa se siguen las comparecencias de los líderes, pero no se pueden ver sus reuniones. Las democracias que cuentan deciden a puerta cerrada. O hacen chistes. Este año se han reído de Putin. El canadiense Justin Trudeau hacía chistes de Trump y ahora del presidente ruso. A los periodistas les gustan las bromas porque parece que no están en el guion. El secreto no ofende, sin embargo, a unos grandes medios acostumbrados a ser altavoces de la autoridad.

Las televisiones anglosajonas sí pueden acercarse un poco más a ese poder que disfruta reuniéndose en cumbres: el poder económico en Davos; el político, en Baviera. Siempre en los Alpes. Los bárbaros derrotaron al imperio romano atravesando esta cordillera imposible: el poder no puede imaginar lo impensable: un elefante en los Alpes. Por eso hoy siguen hablando como si el mundo no hubiera cambiando, como si los anillos siguieran todos en sus manos. Los jóvenes que se manifiestan contra el capitalismo regresan melancólicos con sus mochilas. Un policía bromea y ellos les insultan entre dientes, tal vez pensando que un día volverán subidos a lomos de elefantes.


Extramuros es una columna informativa de Efecto Doppler, en Radio 3. Puedes escucharla aquí.

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Víctor García Guerrero
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