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Cinefórum CCLX: «El bosque maldito»

Hay muchas maneras de narrar una historia en torno a la sustitución de un hijo. Una opción es seguir a Koreeda hacia el terreno del drama familiar; otra muy diferente es adentrarse en el fantástico y el terror para sumergirse en la figura del cambiado, changeling para los ingleses, esa figura mitológica del niño que ha sido sustituido por seres feéricos para que sea criado por los seres humanos. Mientras tanto, las hadas se hacen con el joven espécimen humano… Se trata, después de todo, de una apelación a un miedo natural: la pérdida de un hijo. Partiendo de esa mirada fantástica nos encontramos con la irlandesa El bosque maldito de Lee Cronin.

Partamos de indicar que la traducción española, como otras tantas veces, es bastante creativa. En inglés la película se llama The Hole in the Ground, el hoyo en el suelo. Vale, la versión española es más poética y no deja de tener relación con la trama, pero nos arrebata la idea del enorme e inexplicable agujero que parece estar ahí desde hace mucho tiempo, creciendo y alimentándose de todo lo que le rodea. Un concepto tan inverosímil que, desde el principio, nos queda claro que estamos ante una de esas películas de terror de nuevo cuño que buscan, todavía más que las antiguas, hablarnos de sus personajes con la excusa de algún aspecto fantástico.

El bosque malditoEl bosque maldito se convierte, así, en heredera de obras como It Follows, Hereditary o, por encima del resto, Babadook. Al igual que la muy exitosa película australiana de Jennifer Kent, El bosque maldito emplea una situación terrorífica para hablarnos de una familia disfuncional en la que sus miembros, en ambos casos una madre soltera y un joven hijo, deben hacer frente a un problema que afecta al retoño para convertirse en una verdadera familia y superar sus problemas.

Al igual que en Babadook, todo se fía a los actores principales. En este caso estamos de suerte, puesto que tanto Seána Kerslake, en el papel de madre coraje, como James Quinn Markey en el del hijo funcionan perfectamente. Y lo hacen sin sobreactuar, ayudando a que la película se alce por encima de su propio material para, sin dejar de ser una simple película de terror contemporánea, convencer al espectador.

Ismael Rodríguez Gómez

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