El Hombre Petrificado (o Mark Twain troleando al personal)

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El 4 de Octubre de 1862 aparecía en el Territorial Enterprise, periódico de Virginia City, la noticia de un impactante descubrimiento: un cuerpo humano muerto cien años atrás y fosilizado con una peculiar postura. La noticia corrió como la pólvora por las redacciones de Estados Unidos, siendo publicado en numerosos diarios de todo el país. La crónica la firmaba un joven recién incorporado a la redacción, de nombre Samuel Clemens, que había llegado en 1861 a Nevada buscando fortuna como minero y que, al no encontrarla, acabó trabajando como periodista un año después.

Pero lo realmente fantástico del artículo fue que nada de lo publicado era cierto. Bueno, nada, nada no. Gravelly Ford existía y su señoría, más o menos, también. Había un juez Sewall con el que Clemens no se llevaba muy bien y aprovechó el artículo para ridiculizarlo. El resto, todo mentira. Falso. Basura sensacionalista. Un troleo de un tipo que se reía de la moda de buscar (y encontrar) fósiles de todo surgida en el siglo XIX. Que si un gigante (de los bíblicos) aquí, que si un ángel (bíblico también) allá… Cualquier cosa que sirviese para llamar la atención e intentar tirar por tierra esas descabelladas ideas que iban en contra de la única teoría verdadera del origen del hombre: el creacionismo. Había que cubrir con una pátina científica, que parece que era en lo que empezaba a confiar la gente, lo que decía la Biblia sobre los inicios de la humanidad, no fuera a ser que calase el discurso del pirado de Darwin y sus teorías evolutivas… ¡Una locura, oiga! En resumen, que no encontraron fósiles extraterrestres porque no había aparecido aún un Erik Von Daniken que los hubiese metido en el libro santo. Si no, también. Aparecían fósiles como champiñones.

La cuestión es que Samuel Clemens le coló a todo el mundo lo que hoy llamaríamos una fake new y, probablemente, esta tomadura de pelo no hubiese ido más allá si su autor no hubiera pasado a la historia como uno de los más grandes escritores estadounidenses. El joven periodista empezaría al año siguiente a publicar con el seudónimo que utilizaría el resto de su vida: Mark Twain.

Y sería el propio Twain quien años después hablaría de todo el asunto y de su sorpresa al ver que la gente se lo había tomado en serio. ¿Nadie se había fijado en la descripción que hacía de la posición de las manos? ¿De verdad? Él mismo declaró: «Yo era muy ingenioso. Lo mezclé bastante; la descripción de la actitud, la clave para descubrir el engaño, se perdió por completo, y nadie más que yo entendió la postura peculiar y sugestiva de las manos del hombre petrificado». El artículo, esperpéntico en su conjunto, desprende humor e ironía por los cuatro costados. Mark Twain en estado puro cuando aún era Samuel Clemens. Allá va el texto.

El Hombre Petrificado

Un hombre petrificado ha sido encontrado en las montañas al sur de Gravelly Ford. Todos sus miembros se encontraban en perfecto estado, con la salvedad de la pierna izquierda, que parecía que, en vida del propietario, habría sido de madera. Según la opinión del experto que examinó al difunto, este habría fallecido cien años atrás aproximadamente. El cuerpo, que fue encontrado sentado y apoyándose en un afloramiento rocoso, mostraba una actitud pensativa, con el pulgar de su mano derecha apoyado en un lado de la nariz; el pulgar izquierdo sujetaba parcialmente la barbilla, a la vez que el índice de esa misma mano tiraba de la esquina del ojo izquierdo, manteniendo este parcialmente abierto; el ojo derecho estaba cerrado y los dedos de la mano diestra se mostraban separados. Este extraño fenómeno de la naturaleza causó una profunda conmoción entre los vecinos y, tal y como declara nuestro informante, fue a petición de éstos que el Juez Sewell o Sowell, de Humboldt City, se dirigió de inmediato al lugar para realizar una investigación sobre el cuerpo. El veredicto del juez fue que «la muerte se debió a una exposición prolongada», etc… Las gentes del lugar, de forma voluntaria, decidieron enterrar al pobre infortunado, mostrándose incluso ansiosos por hacerlo; pero al intentar moverlo descubrieron que el agua de una grieta situada sobre el cadáver había goteado durante años sobre éste recorriendo su espalda, lo cual había creado una especie de sedimento, como si fuese cemento, lo que causó que el cuerpo quedase fijado a la pared de rocas sobre la que reposaba. Esta situación hizo que el Juez S. no permitiese a los caritativos ciudadanos moverlo de la posición en la que fue hallado. La opinión manifestada por su señoría, que creía que llevar a cabo tal acción sería poco menos que un sacrilegio, fue considerada justa y apropiada. Todo el mundo quiere ver al hombre petrificado, siendo ya unas trescientas personas las que han visitado a la «endurecida» criatura durante las últimas cinco o seis semanas.

Territorial Enterprise. Virginia City

4 de Octubre de 1862

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