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Japón, ministerio de la soledad – 17 de febrero

Japón ha nombrado a un ministro de la Soledad. Tetsushi Sakamoto, responsable del departamento de Revitalización Regional, deberá ocuparse de promover medidas contra el aislamiento y los suicidios. En Japón se suicidaron veinte mil novecientas diecinueve personas el año pasado: seis veces más que los muertos del virus. Preocupa especialmente el aumento en el número de mujeres suicidas. La pandemia ha empujado al paro a los trabajadores más precarios, las mujeres, y las ha encerrado en casa y les ha dado una vida de pérdidas: del empleo, del amor, de las vacaciones. A cambio las convierte, a lo sumo, en cuidadoras. La apología de los cuidados encierra una esclavitud femenina llena de tristeza.

También son más los niños y adolescentes japoneses que se quitan la vida. Por encima de trescientos alumnos de primaria y secundaria entre abril y noviembre: un treinta por ciento más que el año anterior. La ansiedad por el futuro alimenta la desesperación juvenil. Y tal vez la emulación de los famosos: en cinco meses de 2020, se suicidaron dos actrices, un actor, y una estrella de la tele nipona de veintidós años. Hana Kimura era luchadora de wrestling de origen mestizo: madre japonesa, padre indonesio. Sufrió acoso racista de niña y de adulta en redes sociales. Vivía sola. Hana Kimura anunció su muerte en Twitter, donde publicó fotos de sus gatos hasta el último día.

Informa Paula Corroto de que los madrileños, gatos, sobrellevan el paréntesis pandémico porque se permite alternar. Hay tradición: en la Guerra Civil, Madrid mantuvo abiertos cines y teatros a pesar de los bombardeos de la aviación franquista y sus aliados nazis. Se vieron películas como Sierra de Teruel, de Malraux, aviador y comunista, quien creía que la salvación no podía ser individual sino colectiva. Hoy, en París, la policía se apuesta a las puertas de los supermercados para multar a quienes salen con la compra después de las seis de la tarde: mejor que gasten desde casa. El virus y el consumismo online sí pueden convivir con los suicidios inevitables de una sociedad solitaria.

«Fiel como una sombra», decía Moustaki de la soledad: su «dulce costumbre». Aunque luego el cantante la traicionaba por las bellas carceleras que le abrían sus prisiones de amor. Moustaki amó a Edith Piaf en un París universal donde no era cursi decir Hiroshima, mon amour. Hiroshima tiene un tranvía que recorre la ciudad. Cuando se para frente al edificio de la cúpula es como si se hiciese el silencio, ese vacío inmenso antes de que se queme el aire. La bomba convirtió en sombras a hombres, mujeres y niños que se quedaron sin conocer el Japón del futuro: rico, robótico, implacable con las soledades.


Notas de extramuros es una columna informativa de Siglo 21, en Radio 3. Puedes escucharla aquí.

 

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