Prometeo en Singapur – 29 de abril

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Todo iba bien en Singapur: pruebas, tratamientos, tecnología de rastreo. Adiós a las libertades a cambio de una promesa de salud. La vida semieterna. Hasta las fronteras estaban cerradas, aunque negocios y empresas seguían funcionando. Y el tránsito de trabajadores continuaba fluyendo. Pero entonces los casos se multiplicaron por tres y hubo que encontrar un culpable. Singapur cree que los inmigrantes pobres de Bangladesh, Malasia y otros países del sudeste asiático han traído la peste. Por eso la excolonia británica ha puesto fronteras interiores para recuperar el control y ha encerrado a doscientos mil inmigrantes en sus edificios dormitorios. Viven y enferman hacinados.
Singapur es una ciudad-Estado y uno de los países más ricos del mundo. Ciudad de los leones, significa en malayo. Es una república parlamentaria de un solo partido: una democracia sin libertad de prensa que, sin embargo, sigue las reglas del capitalismo y no aparecerá en ningún eje del mal. Prototipo de la nueva normalidad. Su modelo sanitario produce salibaciones en los defensores del modelo privado: el Estado gasta poco y el sistema lo mantienen las aportaciones de los individuos. Truco: los pobres, como los inmigrantes, reciben la peor cobertura y sufren en peores condiciones las enfermedades crónicas. O las epidemias: la peste siempre tiene una fase democrática.
El confinamiento de los inmigrantes en Singapur contrasta con la libertad vigilada de sus patrones. Los robots patrullan los parques de la ciudad asiática repitiendo el lema global: mantente seguro, quédate en casa. Es un robot con cuatro ruedas, cámara en el techo y aspecto inofensivo. La naturaleza y la tecnología amable sí distinguen entre clases. Para los inmigrantes contagiados de Singapur están los hospitales de urgencia: hay robots teledirigidos para llevar comida y un autómata con forma de perro sin cabeza que distribuye medicamentos. Los inmigrantes son más atendidos cuando enfermos, que cuando están sanos y amontonados como parias.
Atenas fue la más brillante de las ciudades-Estado. En la Academia de Platón, hoy en un parque destartalado, había un altar dedicado a Prometeo, hijo de Zeus que, según el filósofo, robó fuego y artes para dárselas a los hombres. El moderno Prometeo, subtituló Mary Shelley su cuento de terror escrito bajo el cielo volcánico del verano sin verano de 1816. A Victor Frankenstein le obsesionaban la vida y la muerte desde el fallecimiento de su madre por escarlatina y soñaba una ciencia de inmortalidad y poder. Creó al monstruo en el estado febril de una noche fatal. Luego su creación, un robot con carne y alma, escapó. Lo primero que hizo la criatura fue matar a su hermano.

Notas de Extramuros es una columna informativa de Siglo 21, en Radio 3. Puedes escucharla en el siguiente audio y acceder al programa pulsando aquí. También puedes revisar todas las Notas de Extramuros en este Tumblr.

 

Víctor García Guerrero
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