Seriéfilo: marzo de 2019

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Llegamos al final del primer trimestre con las principales plataformas de streaming apostando por contenidos de calidad. Y no me refiero únicamente a la omnipresente Netflix. En este mes de marzo tanto Amazon como Youtube Premium han tenido mucho que decir.

No sé cómo lo consigue, pero no hay mes que Netflix no sea capaz de colarse entre las conversaciones seriéfilas de todo el mundo: cuando no es por un estreno superhypeado, es por la vuelta de una serie consagrada o por el descubrimiento de alguna tapada con la que nadie contaba.  Esta vez ha habido un poco de todo.

Quizás lo más llamativo haya sido el estreno de Love, Death & Robots, un compendio de historias ultra cortas de ciencia ficción y fantasía, que dejan volar la imaginación de sus creadores y muestran una variedad creativa sorprendente. Como suele ocurrir con las propuestas de este tipo, la irregularidad es una constante; algo lógico si tenemos en cuenta que se trata de dieciocho historias totalmente distintas, que no guardan relación ni en el fondo ni en la forma. Sin embargo, allí donde otras presentaron quedaron lastradas por la irregularidad, fue el caso de Room 104 (HBO) o la más reciente Weird City (YouTube Premium), Netflix consigue superar este escollo apoyándose en dos pilares: la duración, con capítulos que nunca superan los quince minutos y que, si no funcionan, nunca desesperan; y, su estética, que explora diversas formas de animación, consiguiendo que siempre haya algo que nos llame la atención. La suma de estas dos variables hacen que ver esta serie sea como comer pipas: es imposible parar hasta que no queda nada por ver.

La tapada sería After Life, comedia dramática del británico Rick Gervais y que eleva el humor a otro nivel. Muchas son las series que nos hacen reír, pero pocas pueden jugar con nuestras emociones de la forma que lo hace esta miniserie de solo seis capítulos. Reír, llorar; vivir, morir; dos caras de la misma moneda que está continuamente girando en la vida de Tony, interpretado por el propio Rick Gervais, que pierde las ganas de vivir cuando su mujer fallece a causa de un cáncer. Una historia que destila amor, dolor, desazón, ternura, amargura, esperanza, temor, melancolía, amistad… Un verdadero torrente de sentimientos contradictorios que abruman, pero que logran guiarnos a través de un proceso catártico que nos conecta de forma muy íntima con el protagonista.

Y no podía faltar la vuelta de una serie con un nicho de fans importante, cuya continuación llevábamos esperando más de dos años. Si echamos la vista atrás, The OA no fue un gran éxito. Quizás se vio penalizada por el intento de venderla como la nueva Stranger Things, que se había estrenado solo cuatro meses antes y con la que poco o nada tenía que ver. The OA era una fábula pequeña, un cuento de hadas adaptada a la narrativa moderna con un final deliciosamente ambiguo. No siempre se cumple la máxima de que cuanto más mejor. Este es uno de esos casos: se expande exponencialmente el mundo de OA, jugando con las infinitas posibilidades que otorgan los viajes interdimensionales. Es cierto que se crean momentos impactantes que logran sorprender al espectador, pero, a pesar de tener un buen arranque y unos episodios finales muy conseguidos, las tres historias que nos plantea navegan sin rumbo fijo ni sentido aparente. Todo se queda en el intento de explorar las posibilidades visuales y narrativas de esa macedonia de dimensiones y, sin ser mala temporada, me que la primera está claramente por encima.

Hace poco más de un año, comentaba aquí mismo el estreno de The End of the F***ing World (Channel 4), una serie que, a pesar de cosechar muy buenas críticas, a mí no acabó de llenarme. Parece como si Youtube Premium me hubiese leído el pensamiento, porque Wayne tiene todo lo que le faltaba a TEOTFW: es una road movie adolescente en la que un chico inadaptado y problemático, pero con buen corazón, pone rumbo a Florida para recuperar el coche que le robaron a su padre. Aunque el concepto pueda ser similar al de Channel 4, ya que Wayne comparte viaje con su novia Del, aquí se corrigen y potencian todos los aspectos que hacían de la serie inglesa algo naif e inconsistente. El personaje de Wayne es creíble y está mucho mejor construido, encajando perfectamente con la visión de la vida que le otorga el guion y su relación con la violencia. Su viaje es más acorde a su situación vital: más sucio, más árido, más salvaje, menos idílico. Es una serie muy violenta y rompedora, el tono exacto que pide un road trip de estas características. Tras esa cortina de sangre y violencia, se encuentra un viaje mágico.

Mientras tanto, Amazon no se queda atrás y estrena sin hacer mucho ruido The Widow, una serie de aventuras con aroma de producción clásica y protagonizada por Kate Beckinsale, actriz de la franquicia vampírica Underworld, de cuyo estreno se han cumplido quince años. Por su ambientación, puede recordar a Diamantes de sangre (Edward Zwick, 2006) ya que ambas transcurren en África central y tratan temas como el tráfico ilegal, los niños soldados, las ejecuciones indiscriminadas, la corrupción institucional, etc. En el caso de la serie, la acción es más orgánica y fluye con la historia sin tener que recurrir a grandes escenas de tiroteos o a heroicidades imposibles. Sorprendentemente, su enfoque realista se mantiene durante todo el metraje, logrando mantener la tensión y la sensación de estar viviendo una auténtica aventura. A fuerza de su ritmo trepidante y de un misterio en el que nada es lo que parece, la serie devora minutos sin que nos demos cuenta.

Sin la frescura de la anterior serie, también The Passage (FOX) podría considerarse como una serie de aventuras, aunque en este caso la producción está más enfocada a la acción. Concebida como un producto más convencional y cercano a los cánones de la época en la que vivimos, está diseñada para llegar al mayor público posible. Es por ello que encontraremos en ella muchos lugares comunes y clichés típicos de las series del momento. Aquí no se escatima en explosiones y tiroteos, la sal de la acción; tampoco en personajes heroicos capaces de lograr lo imposible. Además de tiros, también hay vampiros y un apocalipsis en ciernes. Con todos estos ingredientes en la receta, ¿qué puede fallar?

Más realista, aunque parezca incompatible con el tema que trata, es Project Blue Book (History Channel), que gira en torno a los OVNIS. Más concretamente trata el Proyecto libro azul, un estudio de alto secreto llevado a cabo por la Fuerza Aérea de los Estados Unidos para determinar si los OVNIS existían y si eran un peligro potencial para el país. Así, el astrónomo J. Allen Hynek , acompañado de un miembro de la USAF, se dedica a recorrer el país tratando de encontrar una explicación racional a los miles de avistamientos que se produjeron a lo largo de los años 50 y 60,durante los que se documentaron más de doce mil casos.

Podríamos decir que estamos ante los predecesores de Expediente X (FOX) y de los agentes Mulder y Scally. En esta ocasión son dos hombres, Aidan Gillen, interpretando al astrónomo Hynek, y Michael Malarkey como el capitán Michael Quinn. A pesar de ello, los roles son similares, pudiendo identificar a Scully en el capitán y a Mulder en Hynek. La estructura también es muy parecida: un caso independiente semanal sobre los que se va creando un arco argumental más amplio y que incluye a espías rusos, departamentos secretos y todavía más cosas secretas. La serie es bastante curiosa, sobre todo por las explicaciones que el profesor consigue dar, o no, a los distintos fenómenos que se encuentra. Estoy seguro que encantará a todo aquel que vibró hace ya diecisiete años con la serie de «La verdad está ahí fuera», que FOX trató de reflotar hace un par de años con dudosos resultados.

Y con esta recomendación galáctica me despido hasta el próximo mes, siempre que no nos muramos de un infarto con el estreno de Juego de tronos (HBO), claro. Prometo, traer muchas más series de calidad de las que no se habla tanto, a pesar de que el final de la serie más popular del momento será el evento seriéfilo del año. ¡Seguimos conectados!

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Desde hace mucho, mucho tiempo, en un sofá muy lejano, vive enterrado bajo una montaña de DVDs un ermitaño que se alimenta de todas las series que caen en sus manos: americanas, inglesas, buenas, malas… Nada es suficiente para saciar su hambre voraz de ficción televisiva. Es el Seriéfilo, y través de La Soga se comunicará con el mundo.
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