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El seriéfilo: septiembre de 2017 (especial premios Emmy)

Y al final, como siempre, llegó septiembre con todos sus extras: el estrés, la vuelta al cole, el adiós al olor a crema solar, la bienvenida al otoño y, cómo no, los Emmy; esa suerte de premios Oscar televisivos que año tras año crecen en fama, repercusión y cobertura; esos premios que, como tales, son subjetivos, lo que implica polémica sin excepción. Voy a comentar, sin que sirva de precedente, mi opinión sobre los galardonados de este año, porque, aunque normalmente soy un espíritu libre que ve series sin orden cronológico, ha coincidido que esta vez he visto la mayoría de las nominadas lo que, por tanto, me legitima para opinar bajo el parapeto moral de hacerlo con fundamento (frente a la extendida costumbre de la comunidad 2.0).

Entre las categorías fuertes, nada que reseñar en el premio a mejor serie dramática, ya que las siete nominadas fueron de lo más destacado del año y, cada una en su segmento, rezuman calidad por los cuatro costados: desde la más sesuda Westworld de HBO, pasando por la nostálgica Stranger Things de Netflix o la edulcorada buenrollista representante de la NBC, This is Us. El premio recayó sobre la oscura e impactante realidad distópica que nos describió de The Handmaid’s Tale (Hulu). Merecido sin duda, aunque yo me hubiese inclinado más por This is Us, ya que respeto enormemente cuando una cadena generalista crea un producto tan bueno. No es fácil hacer una serie que sorprenda desde un canal en abierto; hay presupuesto, hay audiencia, pero como también hay que intentar contentar a todos se suele caer en el preciosismo plano, sin alma, en una desidia creativa. Por eso, cuando series como Lost (ABC) o Friends (NBC) son capaces de marcar tendencia y ofrecer algo nuevo de calidad, le otorgo más mérito que a una serie de un canal de cable que asume riesgos menores y tiene menos restricciones creativas. Cualquiera de las siete se merece el premio, pero en mis Emmy particular, This is Us se llevaría el máximo galardón, ya que consigue aunar esas premisas, a veces irreconciliables, de ser para todo tipo de públicos y conseguir dejar huella.

Como decían en aquella película de Álex de la Iglesia: «Esto del humor no tiene ni puta gracia». Y es que la comedia es complicada y muy, muy personal. Lo que a Woody Allen le hace gracia, a otra persona puede parecerle una soberana memez que no merece ni una leve sonrisa. Es por eso que la categoría a mejor comedia es totalmente impredecible e injustificable. Todo el mundo sabe que cuando hay que explicar un chiste, pierde toda la gracia. De las nominadas yo me quedaría con Master of None (Netflix), por su originalidad y desenfado, pero seguro que hay gente que odia al pequeñito Dev con todas sus fuerzas. Y si por tercer año consecutivo les sigue haciendo gracia y no se cansan de Veep (HBO)… «respecto», que diría Ali G.

Primera categoría polémica: mejor miniserie. Para empezar, Fargo (FX) vuelve a estar nominada en su tercera temporada. ¿De verdad nadie intuye ninguna incongruencia entre las palabras «tercera temporada» y «miniserie»? Supongo que quiénes lo han decidido son los mismos que en el 2014 nominaron a Treme (HBO) en su cuarta temporada en esta categoría y a True Detective (HBO) en la categoría de mejor serie dramática. Es igual, corramos un tupido velo y analicemos las candidatas, que son cinco miniseries (bueno, cuatro y Fargo). Genius (National Geographic Channel), el biopic de Albert Einstein, destaca por la interpretación de Geoffrey Rush y Emily Watson en la época madura del genio, pero pierde brillo en su edad joven que, a la postre, representa la mitad del metraje. Tampoco es muy acertada la transición del Albert joven al viejo, ya que es muy brusca. La serie es entretenida, pero se queda un poco por debajo de las otras candidatas. Fargo ha estado en su línea, con personajes peculiares y la casualidad como forma de estudio de la mezquindad humana; sin embargo, una vez perdida la frescura de su estreno hace ya tres años, pierde punch y no supera sus historias anteriores. La tercera en discordia era la favorita, el dream team de las miniseries, con un elenco estelar liderado por Nicole Kidman, Reese Witherspoon y Laura Dern; una historia liderada por mujeres en la que se iba a tocar, entre otros temas, la violencia machista: Big Little Lies (HBO) engancha, pero también tiene sus torpezas, entre ellas el uso del McGuffin de la muerte de un personaje importante (no es spoiler, ya que desde el primer capítulo se nos hace ver que alguien muere) que se vuelve cansino en cuanto queda expuesto como un mero anzuelo para vertebrar la historia, ya que no aporta nada, ni siquiera para aquellos que quisieran incluir un plus a la serie jugando a Sherlock Holmes, pues se cuidan muy mucho de no dar ninguna pista relevante respecto al misterio. Como favorita que era, Big Little Lies se llevó el premio, pero sigo pensando que si no hubiese acaparado todo el revuelo mediático, las otras dos candidatas, Feud (FX) y The Night Of (HBO), le hubiesen pasado por encima. La primera narra la tormentosa historia de rivalidad entre dos de las grandes divas de Hollywood, Bette Davis y Joan Crawford, a partir de que coincidiesen en el rodaje de la película ¿Qué fue de Baby Jane? (Robert Aldrich, 1962), que por cierto, formó parte de uno de nuestros primeros cinefórums). La segunda, gran historia de misterio de corte clásico, como nos viene acostumbrando la cadena en sus últimas miniseries.

Dentro de la categoría de drama, me sigue asombrando que cada año se nomine a Viola Davis por su papel en How to Get Away with Murder (ABC). Aunque en esta ocasión lo haya ganado, muy merecidamente, la protagonista de The Handmaid’s Tale, Elisabeth Moss, quien no tenía un papel tan brillante desde Mad Men (AMC) y a la que ahora también podemos ver en la segunda temporada de Top of the Lake (Sundance Channel). En la categoría masculina, me re asombro viendo como nominado a Liev Schreiber por su papel protagonista en Ray Donovan (Showtime), que aunque es una serie que me encanta, hay que reconocer que su personaje protagonista no es precisamente una máquina de mostrar expresiones.

En cuanto a comedia, vuelve a triunfar por sexto año consecutivo la protagonista de Veep (HBO), Julia Louis-Dreyfuss. Se ve que se parten con ella y no se cansan. La categoría masculina se la lleva Donald Glover por su papel en Atlanta (FX), que a pesar de que la serie va de más a menos y pierde fuelle al final de la temporada, el papel protagonista mantiene el tipo y muestra más personalidad y profundidad que la mayoría de personajes de comedia.

En lo referido a miniserie es en lo que vuelvo a sentirme más alejado de estos premios. En la categoría de mejor interpretación gana de nuevo la favorita, la que más ruido mediático ha provocado, pero que en mi opinión está lejos de ser la mejor: Nicole Kidman interpreta un personaje complejo en Big Little Lies (HBO), complejo y difícil, pero lamentablemente no consigue hacerlo suyo y se ve superada, siendo, junto con Alexander Skarsgard, que precisamente interpreta a su marido, el maltratador, lo peor de la serie; esto provoca que, siendo esta relación una de las tres patas principales de la historia, la calidad final se vea perjudicada. Lo peor es que, para el premio a mejor actriz también estaba nominada su compañera de reparto, Reese Witherspoon, que aunque interpretaba un personaje más agradecido, pues es más dicharachero, más amable y más divertido, logra llevarlo a un nivel altísimo convirtiéndose en la auténtica protagonista. Saliendo de esta serie, tanto Susan Sarandon en su papel de Bette Davis o Jessica Lange como Joan Crawford, merecían el premio mucho más que la ganadora.

Lo mismo ocurre con el mejor actor de reparto, ganado por un Alexander Skarsgard que no logra dominar tampoco el difícil papel de marido maltratador, viéndose la relación de pareja como si de una obra de teatro infantil se tratase. Desgraciadamente, el casting se dejó llevar buscando un matrimonio que transmitiese una perfección glamurosa (Nicole y Alexander), pero dejando fuera todo lo demás; y por desgracia para ellos, la televisión no es una imagen fija: hay que moverse, interpretar, hablar… y tanto Alfred Molina interpretando al director Robert Aldrich en Feud, como David Thewlis en su papel de villano en Fargo, podrían haber ganado el premio de largo. Michael K. Williams interpreta un papel demasiado corto en The Night Of, aunque el Omar de The Wire (HBO) es mil veces mejor actor que el Eric de True Blood (HBO).

Para que no parezca que le tengo un odio irracional a Big Little Lies, estoy muy de acuerdo con el premio a Laura Dern como mejor actriz de reparto y me reitero en el gran papel de Reese Witherspoon.

Para acabar con este rápido repaso, destacar la ironía de que el premio al mejor guion y mejor telefilme se lo hayan dado al episodio de Black Mirror (Netflix) menos propio de la serie como San Junípero… los premios son así. Me quedo sin tiempo ni espacio otro mes más. Me dejo en el tintero un montón de premios importantes, pero he preferido comentar únicamente aquellos con los que más discrepo; siempre a contracorriente. Es lo que hay.

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