Arte y Letras

Una obra maestra de la arquitectura renacentista ovetense: la iglesia de San Pelayo

El conjunto monástico de San Pelayo se funda legendariamente en época del rey Alfonso II el Casto (791-842) bajo la advocación de San Juan Bautista, aunque el nombre de San Pelayo se emplea desde la llegada de sus reliquias en el año 994. La arquitectura conservada hasta la actualidad empieza por la iglesia, edificada entre 1592 y 1601. Se trata de la primera obra perteneciente a la reforma de la estructura medieval preexistente en el monasterio, que fue llevada a cabo entre finales del siglo XVI y comienzos del XVIII en clave barroca, a excepción de esta obra, de estilo renacentista. Otro testimonio trascendental es la torre campanario levantada por el arquitecto cántabro Melchor de Velasco Agüero, con la ayuda de su padre, Bartolomé de Velasco, comenzando el trabajo en 1654. Igual de importante resulta el levantamiento del área monacal, cuya traza pertenece a Gaspar Ladrón de Guevara y Gregorio de la Roza, comenzando las obras en 1694. Para finalizar, es interesante citar la fachada de la vicaría, ya construida en el siglo XVIII (1703) por Fray Pedro de Cardeña.

La iglesia se edificó siguiendo las trazas del arquitecto renacentista Leonardo de la Cajiga, compañero de Juan de Nates, aunque los arquitectos que la levantaron fueron Diego de Villa junto a Domingo de Mortera debido a las ocupaciones del primero. Se erige sobre estructuras de origen romano, cuyos descubridores fueron los arquitectos Juan Vallaure y Federico Somolinos tras la destrucción de la iglesia durante la revolución de 1934. La sacristía o Capilla del Santísimo se levanta gracias a la traza del arquitecto Melchor de Velasco en 1657 y 1658, dentro de un lenguaje barroco de tradición todavía herreriana. La decoración en yeso data de mediados del siglo XVIII. El acceso a la iglesia se realiza por la calle San Vicente.

La fachada se encuadra dentro del clasicismo renacentista, destacando su purismo arquitectónico por la escasa ornamentación. Puede accederse a ella tras cruzar una monumental escalinata que realza la grandiosidad del edificio. Se trata de un cuerpo uniforme que utiliza sillares de Piedramuelle trabajados cuidadosamente. La portada tiene tres entradas, la central más alta que las laterales, enmarcadas con molduras y rematadas mediante un guardapolvo. Las puertas son de madera con casetones.

En las laterales cabe destacar que se simula una clave en la piedra mediante la inclinación de la línea que define los sillares. Encima de la portada, en el eje correspondiente al acceso principal, se abre un nicho de arco escarzano con la escultura de San Pelayo. En la parte superior se utiliza un óculo acristalado. Finalmente, una cornisa sencilla formada por una moldura sirve de transición al tejado plano, decorado en la actualidad con una cruz latina de forja.

Debido a esta falta de decoración, la fachada recuerda a la que posee la iglesia del Santo Espíritu, proyectada por Filippo Brunelleschi y continuada tras su muerte por el arquitecto Antonio Manetti, quien la finaliza en 1487.

En territorio ovetense, la iglesia de Santa María La Real de La Corte, en cuya etapa final (1592) trabaja el arquitecto Juan de Ribero Rada, mantiene analogías con San Pelayo. En la fachada lo deja patente a través del cuerpo superior del edificio, mediante el uso de la ventana circular, bajo el que se abre un vano ciego bipartito, la sencilla moldura de la cornisa y el tejado horizontal, además del sillar de factura cuidada, hecho con el mismo material. En el interior, la decoración de la bóveda de San Pelayo enlaza con algunos tramos de la levantada en la iglesia de la Corte.

En el interior se emplea una única nave y la sacristía anexa. La nave se cubre mediante bóveda de cañón con lunetos en los que se abren vanos rectangulares. En las pilastras se aprecia el hecho de la reconstrucción del monumento debido al uso de piedra nueva, en perfecto estado. El orden arquitectónico está reducido a su mínima expresión, predominando las formas geométricas y la tendencia hacia lo desornamentado. En cada muro lateral se presenta una talla religiosa. Desde el acceso a la iglesia, en el muro izquierdo se encuentra San Benito, el fundador de la Orden que lleva su nombre y a la que pertenece el monasterio. Tiene como atributos la Regla monástica que redactó, un báculo y, a sus pies, el cuervo que le proporcionaba alimento durante su búsqueda de Dios mediante el eremitismo.

El santo confrontado a esta figura es San Blas, representado con sus símbolos identificativos habituales, la mitra y el báculo. Además, con la mano izquierda se toca la garganta, aludiendo a los poderes curativos y milagrosos de este mártir; patrón de las enfermedades relacionadas con la garganta.

Separando la zona del altar se erige un baldaquino que resguarda la urna de San Pelayo, la cual custodia las reliquias del mártir. Hecha de madera en 1926, está ricamente decorada, destacando los músicos en relieve. Al fondo se encuentra la sillería de coro labrada en madera de nogal, con personajes de la cristiandad y el órgano que acompaña los cánticos de las monjas.

Finalmente debe mencionarse la sacristía, conocida como la Capilla del Santísimo. Se concibió como sacristía porque la iglesia actual se ha levantado al contrario de la dirección de culto original, debido a las reformas tras la revolución. Tiene la planta cuadrada y es de estilo rococó, cubriéndose con una cúpula de media naranja rematada por una linterna, encamonada y hecha de escayola. En la misma se representan amorcillos atados entre sí por un nudo con hojas de vid y racimos de uvas.

En las pechinas están esculpidas las cuatro virtudes cardinales (prudencia, justicia, fortaleza y templanza), pertenecientes al estilo rococó, realizadas mediante un delicado trabajo de relieve sobre yeso.

Del mismo modo se ejecutan los medallones en los que se inscriben Cristo, tal vez San Pelayo, y la Virgen María.

Además, en el altar hay un pequeño Cristo crucificado, en referencia al nombre actual que se da a la capilla y una escultura de la Virgen con el niño dentro de un nicho decorado con una venera dorada de inspiración renacentista.

A modo de conclusión, puede determinarse que la iglesia de San Pelayo posee una fachada de influencia herreriana porque Leonardo de la Cajiga fue discípulo de Juan de Nates y este a su vez aprendió de Juan de Herrera. Esto resulta perceptible sobre todo en el predominio del muro sobre el vano y la escasa decoración. Del mismo modo, en el interior la influencia herreriana es evidente. Un ejemplo útil se obtiene al observar las pilastras, capiteles y entablamentos estilizados de la iglesia de San Pelayo, prácticamente análogos a los levantados en el interior de la Basílica de El Escorial (1584).

(Fotografías de Andrea García, realizadas aprovechando el acceso al templo durante la Ora’30 que oferta la iglesia. Esta media hora proporciona un espacio de oración acompañado de narraciones apocalípticas, hechos actuales y música religiosa, siempre con breves pausas para la reflexión).

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