Mah Na Mah Na: de un documental erótico a Barrio Sésamo

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Piero Umiliani, en 1968, era un compositor italiano de origen florentino que seguía los pasos de Ennio Morricone en la realización de bandas sonoras para filmes, cuando le encargan la música del pseudo-documental erótico Svezia, Inferno e Paradiso.

A finales del mismo año envía a los productores del film, los estadounidenses Marks Music (que luego sería Carlin) una cinta de noventa minutos y veintiocho temas acompañada de una carta con numerosas anotaciones acerca de muchas de las canciones, pero no de un corte de ciento seis segundos de duración que hipnotiza al director artístico de la compañía, Joseph Auslander, que tras escucharla repetidamente durante horas decide que la composición, llamada Viva la sauna sueca, será la pieza central de la película. Eso sí, antes resuelve cambiarle el título por el sencillo, pegadizo, repetitivo y fácil de recordar (como la misma canción) Mah Na Mah Na. Se organiza una fiesta para presentar el single, que es divertidamente acogido, hasta colocarse ese mismo año entre los primeros puestos de la lista Billboard Hot 100 y en las rockolas de todo el país.

Así, un tema por el que ni el propio Umiliani apostaba se convierte en un éxito: interpretado en 1969 por un muppet en el show de Ed Sullivan, meses más tarde en el programa infantil Sesame Street y a través de los años usado de fondo en escenas recurrentes de programas de humor como The Red Skelton Show o el programa para la BBC y Thames Television de Benny Hill; usado como base musical para otras canciones; como fondo de anuncios comerciales en radio y televisión; versionado a través de cuatro décadas y alrededor del globo, incluso Sandra Bullock se atrevió a grabarlo a dúo con la rana Gustavo.

Mah Na Mah Na, una canción que habrán escuchado cientos de veces, paradigma, como en tantas otras ocasiones, de un contenido pornográfico que acaba teniendo un recorrido hasta la televisión infantil, un tema grabado en el subconsciente de varias generaciones del que probablemente ignoraban su origen. De pasar de ser un corte a punto de ser descartado a convertirse en un éxito atemporal, eternamente ya en el registro de la cultura popular del siglo XX.

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