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Cinefórum CCCIX : «70 minutos para huir»

Para encadenar el cineforum de esta semana hemos seguido el camino de los cambios inesperados, de las películas que parecen tomar un camino, pero que de pronto toman una desviación, una ruta lateral hacia géneros y relatos muy alejados. 70 minutos para huir (Miracle Mile[1], 1988, Steve De Jarnatt) empieza como una comedia romántica en la que chico conoce chica y acaba deviniendo en un thriller alucinado y apocalíptico.

Harry (Anthony Edwards) es un chico especial que busca a la chica de sus sueños y cree encontrarla en Julie (Mare Winningham), en un dúo que parece prever los romances de personajes frikis y un poco inocentes del cine de los 90-2000. Pero su idilio parece verse truncado cuando, por un accidente fortuito, Harry no llega a su cita con ella en un dinner. Desorientado y confuso, mientras intenta encontrar la manera de recuperar su ocasión, un teléfono público comienza a sonar y Harry, al contestar, escucha que la temida guerra nuclear ha estallado. En setenta minutos los misiles soviéticos arrasarán con occidente.

«¿Qué harías tú en un ataque preventivo de la URSS?», cantaban en 1982 Polanski y el ardor. A partir de aquí seguiremos casi en tiempo a real a Harry (y aquellos con los que decide compartir la noticia) en sus respuestas. En un esquema que no deja de recordar a las cinco etapas del duelo de Elisabeth Kübler-Ross (la negación, la ira, la negociación, la depresión y la aceptación[2]) vemos como primero un puñado de personas y luego cada vez más, se dejan arrastrar por la noticia o por la negativa a creerla. Los habitantes nocturnos del dinner se convierten en el primer grupo de control, pronto descontrolado, pero Harry tiene clara una cosa: necesita ir a salvar a Julie.

Frente a otros acercamientos al conflicto nuclear, desgraciadamente de nuevo en primer plano, que optan por la seriedad dramática o el didactismo, la película mantiene un tono que logra ser tenso y a la vez corrosivamente divertido, sin dejar personaje ni institución a salvo. Nadie parece tener un plan (más allá de la improvisación) y nadie parece acudir al rescate. La enormidad de la debacle (que se nos escapa) hace imposible otro final.

La película fue dirigida y escrita por Steve De Jarnatt, un autor con una carrera poco brillante en pantalla grande, pero amplia experiencia en televisión, y cuenta también con un protagonista televisivo, Anthony Edwards que, Top Gun mediante, recordamos sobre todo por su papel en Urgencias[3]. Es posible que la falta de ambiciones visuales (que lastran algunas escenas con escenarios poco creíbles o efectos mal acabados) sea uno de los puntos flojos de la producción, que sin embargo cuenta con un guion que funciona estupendamente, creando con facilidad una tensión y una crítica socarrona a la sociedad angelina.

La lógica a veces es pesadillesca y, en un terreno meramente racional, la estructura de la película probablemente se viniera abajo; pero es un éxito por parte de De Jarnatt sostener con esos mimbres una película que funciona perfectamente. El que la mayor parte del metraje se ambiente en calles vacías, en plena noche, donde solo un puñado de insomnes se enteran de lo que está pasando, mientras el amanecer se convierte en amenaza y señal del apocalipsis, trastoca hábilmente las asociaciones comunes de ambos periodos, ofreciendo una visión particular de las calles normalmente atestadas.

Entre los rostros secundarios, pues frente al protagonista aislado y perdido que va cambiando de escenario en escenario asistimos a un mosaico cambiante de personajes que aparecen y desaparecen en el torbellino de hora y media, no puedo evitar mencionar a dos viejos conocidos del aficionado a la ciencia ficción televisiva como Denise Crosby (Tasha Yar en Star Trek: TNG) o Brian Thompson (el siniestro matón alienígena en Expediente-X).

También señalar, por coincidencia temporal (ya que mientras escribo esta reseña está terminando la edición de este año), que la película fue nominada a mejor película en el festival de Sitges de 1989, siendo superada por Corazón de medianoche (Heart of Midnight, Matthew Chapman). 70 minutos para huir sí ganó, en cambio, un (para mí desconcertante) premio a los mejores efectos especiales.

Así que, ya sabéis: pensad bien qué haríais si solo os quedaran (a vosotros y al mundo que conocéis) 70 minutos de vida. Y si tenéis algunos más (la película dura 87 minutos) no dudéis en pasar un buen rato con esta curiosa joya olvidada.


Miracle Mile
Miracle Mile Productions, Hemdale

[1] El título original se refiere a un vecindario de Los Ángeles donde se desarrollará el grueso de la acción. Con su inocencia hace un mejor servicio a la película que el demasiado explícito titulo castellano.

[2] Que, para mi, siempre quedarán asociadas  a esta escena de Empieza el espectáculo (All that Jazz, 1977, Bob Fosse).

[3] Donde, por cierto y gracias a la magia de las series largas, también participaron De Jarnatt (dirigiendo dos episodios) y Mare Winningham (que aparece en cuatro).

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