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Cinefórum CCCXXX: «Gran Hotel»

La semana pasada tuvimos una película de récord en los Oscar. Recordemos, Paso decisivo (Turning Point, 1977) tuvo once nominaciones y no ganó ningún premio. Esta semana nos vamos al caso contrario, con una película que no solamente ganó el único premio al que estuvo nominada, sino que encima resultó que ese galardón era el de mejor película. Hablamos de Gran hotel (Grand Hotel, 1932), una muestra del cine de estudios previo al Código Hays, un momento en el que el clasicismo se está configurando tras el final del cine mudo y en el que las estrellas son los verdaderos ejes sobre los que construir cualquier película.

La trama de Gran hotel es tan enrevesada como, al final, poco importante. Se construye en torno a la novela alemana de 1929 Menschen im Hotel, escrita por Vicki Baum y que, traducida al inglés con gran éxito en 1930, contó con una adaptación teatral en ese mismo año firmada también por el guionista de la película, William A. Drake, y encargada por el mismísimo Irving Thalberg, jefe de la MGM y leyenda de los estudios cinematográficos. Así pues, el camino a la producción de Gran hotel es casi ejemplar: una novela de éxito, un productor que se fija en ella, un guion de encargo y las estrellas del estudio para elevar el producto. Para la dirección se conto con un hombre tan fiable como Edmund Goulding, que cuenta entre sus obras más conocidas Amarga victoria (Dark Victory, 1939), El filo de la navaja (The Razor’s Edge, 1946) o El callejón de las almas perdidas (Nightmare Alley, 1947).

La película habla de los clientes del Gran Hotel de Berlín en un momento dado de la historia, suponemos que en torno a 1929, en un mundo que se antoja muy lejano al nacido del crac del 29 en la bolsa americana. Sus personajes son un muestrario de tipos entre el lujo de manera natural o sobrevenido: una estrella del ballet interpretada por Greta Garbo; un conde de dudosa moralidad y fortuna que borda John Barrymore; una mecanógrafa con aspiraciones en el rostro de Joan Crawford; un odioso empresario al que da vida Wallace Beery; y, finalmente, un empleado de este último que sufre una enfermedad terminal y quiere pasar sus últimos días entre los lujos que nunca conoció, construido de manera algo cansina por Lionel Barrymore. Curiosamente, los hermanos Barrymore coincidían aquí por primera vez en la gran pantalla.

Metro-Goldwyn-Mayer (MGM)

El resultado de la cinta es de una perfección técnica impresionante. El decorado del Gran Hotel fue, en su momento, una revolución para el rodaje al permitir que se rodease a todos los personajes, aumentando las posibilidades de la dirección. A esto se unió un guion que, pese a que se pierde por algunos vericuetos y hace algo insoportable al personaje de Lionel Barrymore, funciona muy bien y consigue momentos muy emotivos, sobre todo cuando John Barrymore y Greta Garbo coinciden en pantalla. Esos momentos, como cuando el propio John Barrymore se encuentra con Joan Crawford, son los que uno recuerda al final; un encuentro de grandes estrellas del cine en la plenitud de Hollywood que brillan con fuerza propia, elevando todo lo que les rodea.

Ismael Rodríguez Gómez

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