Cinefórum CXVIII: Los amantes de la noche

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Con La jaula de oro no solamente nos vimos inmersos en la epopeya de la migración a los Estados Unidos. También pudimos ver la primera obra de un cineasta español que tuvo que irse a México para poder pasar al cine de ficción. Y en ese mundo de las óperas primas nos vamos a quedar para visitar la primera película de un director que logró convertirse en una referencia para la historia del séptimo arte.

Nicholas Ray produjo un programa de radio sobre música popular y dirigió una obra en Broadway antes de conseguir que la RKO le permitiese estrenarse tras la cámara. Lo hizo en 1948, pero su película tardó dos años en llegar a la gran pantalla por culpa de los problemas tras la adquisición de la RKO por parte de Howard Hughes. A pesar de estar realizada tras la Segunda Guerra Mundial, la película nos recuerda más bien a la época de la Gran Depresión. El mundo en el que se mueven los protagonistas de Los amantes de la noche, llamada en su inglés original They Live By Night, es la de la novela que la inspiró, publicada en 1937 y construida sobre unos Estados Unidos pobres en los que una cabaña en mitad de la nada es el lugar soñado en el que vivir; un lugar en el que los presos fugados no pueden volver al buen camino y los personajes son estúpidos, malvados o ambas cosas.

Las desventuras, pues no merecen otro nombre, de Bowie (interpretado por Farley Granger el mismo año que rodó la cinta inaugural de nuestro cinefórum, La soga) y de su enamorada Keechie (una Cathy O’Donnell magistral en su reconstrucción de una adolescente), sirven como excusa para ir paseándonos por una América con bodas a toda velocidad oficiadas por personajes oscuros, mafiosos que protegen su territorio, fuerzas del orden que disparan sin dudar y una absoluta falta de lealtad entre los criminales.

Los amantes de la noche funciona de manera casi perfecta porque enfrenta esa realidad oscura, de ahí la noche del título, a dos jóvenes perdidos que no saben lo que quieren, salvo estar juntos. Bowie y Keechie son una recreación casi perfecta de una pareja adolescente de cualquier tiempo, unos modernos Romeo y Julieta para los que su amor lo es todo en una eterna huida hacia adelante. La mirada de ternura de Nicholas Ray hacia ellos convierte la película en un canto a la inocencia perdida. En su momento, la película fue criticada por su mirada comprensiva a los criminales; ahora tal vez sea justo decir que es una de las mejores razones para aplaudirla.

Ismael Rodríguez Gómez

Ismael Rodríguez Gómez

Lovecraftiano con solera y sherlockiano tardío. Veo demasiadas películas.

Twitter: @Darth_Azirafel
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