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Cinefórum LXXI: «Sospecha»

De una película en la que cinco guerreros representan a otros tantos venenos, pasamos al film con una de las escenas más icónicas protagonizada (o no) por un veneno: Sospecha de Alfred Hitchcock (Suspicion, 1941). Es decir, el cuarto trabajo del director inglés en suelo americano, el primero con quien iba a ser uno de sus actores fetiches, Cary Grant, y el que le valdría un Oscar a la mejor interpretación protagonista a Joan Fontaine.

Surgida de las páginas de Before the Fact, novela escrita por Francis Iles, y previa adaptación de Alma Reville, Samson Raphaelson y Joan Harris, Sospecha se erige, ya desde su propio título, como una oda al suspense y a la ambigüedad. Johnnie Aysgarth es un simpático buscavidas que gracias a su deslenguada personalidad y su atractivo físico, conquista a la ingenua y bien posicionada Lina McLaidlaw. Pero una vez comience la convivencia como matrimonio de ambos, el hechizo de amor que siente ella se irá trasformando en una enfermiza desconfianza hacia la verdadera personalidad e intenciones de su marido.

Hay dos partes claramente diferenciables en la cinta: una primera, cómica, en la que un Johnnie tocado con la gracia irresistible de Cary Grant engatusa a Lina con inofensivos enredos; y una segunda, ya puramente de suspense, en la que la paranoia y el recelo creciente de Lina la abocan a poner en juego su propia vida. El punto álgido de este dilema lo encontramos en la inolvidable y brillantemente resuelta secuencia de las escaleras, en la que un siniestro Johnnie sube hacia la habitación de su esposa con un vaso de leche (estratégicamente iluminado en su interior para focalizar la atención del espectador) que quizá esté envenenado.

Así, por su naturaleza híbrida que combina comedia e intriga, puede verse Sospecha como una obra-bisagra entre dos Hitchcock: el humorístico, registro que había trabajado con solvencia anteriormente, y el del thriller psicológico, el que le convertiría, como es sabido, en uno de los directores más importantes de la historia de cine.

Como en buena parte de los grandes títulos del Hollywood dorado, y más aún en aquellos en el que el reparto sufrió los mangoneos mentales del cineasta británico, no escasean con esta película las dosis de salseo tras las cámaras: mucho se ha hablado de la falta de feeling entre la pareja protagonista; del desquicio que arrastró en el set de rodaje Joan Fontaine (ataques de nervios incluidos) por no recibir el trato de estrella que esperaba (acababa de trabajar con Hitchcock en Rebeca un año antes y se comenta que ni siquiera fue informada del destino final de su personaje); así como de la injerencia de los productores para que el final de la historia fuese diferente al de la novela.

Precisamente, ese polémico final ha convertido Sospecha en un uno de los títulos más controvertidos del Hitchcock estadounidense: decepcionante y anticlimático para unos, solvente y suficientemente sorpresivo para otros. No obstante, el público respondió de forma entusiasta ante el que sería el primer gran éxito en la taquilla americana del director. A fin de cuentas, era el triunfo de una cinta que contenía acertadamente los elementos más brillantes que evocaba su título, aquellos que en manos del maestro del suspense siempre han sido sinónimo de genialidad.

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