Arte y Letras

Generación beat, hipsters, vagabundos del Dharma y la loca sabiduría

El movimiento o generación beat es un grupo literario emergente en los años de la posguerra de la Segunda Guerra Mundial, encuadrado ya dentro de la literatura postmoderna. Considerado en su momento como subversivo y marginal, tendrá una gran influencia hasta nuestros días más allá del llamado realismo sucio. Este artículo pretende ser una reseña del libro de J. Campbell Loca sabiduría. Así fue la generación beat, y un breve análisis del poema Aullido, el más emblemático de la prolija literatura beat y que ejemplifica a la perfección el collage estético e intelectual (vitalismo, existencialismo, anarquismo, budismo…) de dicho movimiento. Paradójicamente, ellos no se posicionarán intelectualmente, sino que más bien plantearán una actitud vital basada en la acción, causa principal por la que acaban cuajando en la sociedad.

En la biografía beat, y muy a grandes rasgos, se pueden destacar tres épocas marcadas. La primera es hacia finales de 1943 en Nueva York, donde se engendra el núcleo original: Allen Ginsberg y Jack Kerouac, estudiantes de Columbia, conocen a William Burroughs, de mayor edad y ya graduado. El círculo se completa en 1950 cuando Ginsberg conoce a Gregory Corso. Una segunda época desarrollada mayoritariamente en San Francisco, que viene a ser el periodo más intenso en cuanto a relaciones. Se consagran ya como beats Neal Cassady, John Clellon Holmes, Snyder, Whalen, Bowles, Mc Clure, Rexroth, Herbet HunckeEn general, el papel de la mujer en dicho movimiento es minoritario, centrados en su defensa a ultranza de la homosexualidad. Burroughs inicia un exilio voluntario debido a su drogadicción, Ginsberg es confinado durante una temporada a un hospital psiquiátrico, al igual que su madre anteriormente y que termina sus días lobotomizada. A pesar de la incomprensión literaria a la que se ven sometidos durante mucho tiempo, aparecen The Town and The Country de Kerouac, The History of The Hip Generation de Cassady, Junkie de Burroughs… y Aullido, que verá la luz tras una condena de censura. Otras obras míticas del movimiento serán On The Road de Kerouac, Subterraneans y The Naked Lunch de Burroughs y Gasoline de Gregory Corso, que constituirán junto a Kadish, obra algo posterior al resto, también de Allen Ginsberg, la bibliografía más elemental del movimiento. Por último, habría que señalar su tercera época, la francesa, que es así conocida porque sus miembros se hospedan en el hotel parisino de la rue Gît-le-coeur, posteriormente conocido, de hecho, como el beat hotel. Su presencia en París se alterna con viajes exóticos ya frecuentes en años anteriores y lo más destacable del momento será que entran en contacto con los movimientos vanguardistas de entonces, como el dadaísmo o el surrealismo.

En términos generales y muy simples, podría decirse que la esencia del movimiento beat, en cuanto a identidad grupal e incluso personal, se esconde tras el propio término que le da nombre, que en una primera época adquiere un significado de rechazo: para ser exactos algo así como rechazados, golpeados frente a una sociedad conformista, marcada por los esquemas funcionales de las grandes empresas, por una confianza ciega en la democracia, en Dios y en la familia. Ante esto, el beat o hipster (rebelde) reivindica otras posiciones ante la vida substancialmente distintas, haciendo apología de las drogas, el sexo libre y ciertas actitudes tildadas de transgresoras, que en muchos casos les llevan a la delincuencia o al delirio psiquiátrico, pero que encierran detrás de todo un sentido y sentimiento anticapitalista de vuelta a los orígenes. En una segunda época, el término beat, adopta para ellos una nueva imagen de sí mismos, tratando de conciliar toda su rebeldía transgresora con nuevos valores que vienen de la mano de culturas orientales, de tal forma que el beat pasa a ser entendido como beatífico. Estos valores les acercan a una nueva forma de entender la realidad, el yo y, en definitiva, la vida. Son, por tanto, dos sentidos substancialmente distintos y a la vez, íntimamente relacionados, tanto en su vida como en su obra, y que cobran su máxima expresión con la metáfora con la que se autodenominan: vagabundos del Dharma (palabra sánscrita que significa conducta piadosa, correcta).

Existe, por tanto, una gran contradicción con sus orígenes comunes, que van a estar marcados por la fatalidad. Sus miembros provienen de familias mal avenidas, continuados tratamientos psiquiátricos, ambientes de delincuencia y, desde luego, de unas condiciones sociales y políticas poco estables típicas de una generación de posguerra. Marcados hasta la médula por ese concepto retorcido de normalidad que pretende imponerles patrones de conducta y pensamiento, también rechazan toda forma de autoridad. La figura paradigmática del hipster o rebelde será Herbet Huncke, un vagabundo, drogadicto y delincuente que en muchos casos actúa como musa del movimiento. Sin embargo y a la vez, las características socio-culturales originales de los componentes se acercan más a la clase media, al ámbito estudiantil, perfil que coincide con algunos movimientos sociales actuales.

Entre sus ídolos literarios, con los que llegan incluso a compararse, están Poe, Hemingway, Baudelaire, Dostoyevski, Joyce, Wolfe (que en el plano literario supone una disgregación intelectual del grupo), Goethe, Celine, Proust, Blake, Melville, Artaud, Apollinaire, Thoureau Rimbaud. Con este último compartirán su estética de niño malo, que no solo muestran mediante su peculiar forma de vestir o actuar, sino mediante su poética coloquial y su escepticismo sarcástico.

En su puzle filosófico iconoclasta e iconológico incluyen el pensamiento zen como articulación filosófica de espiritualidad, el automóvil y el viaje como búsqueda incansable, la marihuana, el jazz… todo dentro de un contexto de experimentación literaria que comprende la técnica de collage frente a una formalidad lineal, una poética espontánea frente a una estructuración y la creación de una nueva lógica de causa-efecto mediante una fórmula de imágenes-palabras, todo esto con el fin de encontrar nuevos sistemas de arte y de moral que les permita una expresión total que ellos denominan desnudez mental.

Expresan una actitud nihilista a través de un pesimismo radical, en parte motivado por la impotencia ante la guerra y la referencia de la bomba de hidrógeno, en parte como una actitud de abandono o un escepticismo burlón e irónico debido a la desilusión y al sentimiento de soledad: «…que se sumergían la noche entera en la submarina luz de Bickford`s salían flotando y desgranaban la tarde de cerveza rancia en el desolado fugazzi`s, escuchando el estallido del apocalipsis en el jukebox de hidrógeno…». Y es que para los beats la elección o proyecto vital se difumina en la sociedad capitalista mediante el consumo, los convencionalismos y, sobre todo, la pérdida de la mentalidad crítica, en gran parte por culpa de los medios de comunicación de masas: «…que exigieron juicios de cordura acusando a la radio de hipnotismo…»; «…que se quemaban los brazos con cigarrillos en protesta por la narcótica neblina de tabaco del capitalismo…».  Hasta extremos de automutilación o muerte llega su critica y compromiso.

Los beat abogan por una vuelta a los orígenes, por un infantilismo casi puro y por una vida más orgánica y natural «…que comieron el estofado de cordero de la imaginación o dirigieron el cangrejo en el cenagoso lecho de los ríos del Bowey, que lloraban el encanto de las calles con sus carritos llenos de cebolla y mala música». Metafóricamente se muestra la contraposición entre el naturalismo frente a la opulencia que contamina la mente. Las cebollas frente al estofado de cordero ampuloso y la pesca masiva del cangrejo que perjudica su entorno en términos de ecología. El intertiempo es una idea de tiempo fragmentado de modo funcional e inamovible, que ellos pretenden superar. Los relojes y los despertadores son los iconos de esta prefijada temporalidad determinada estrictamente por la jornada laboral: «….iluminando todo el inmóvil mundo del intertiempo…»; «…que tiraron sus relojes desde el tejado para emitir su voto por una eternidad fuera del tiempo, y cayeron despertadores sobre sus cabezas día tras día durante toda una década…». El espacio, subordinado al tiempo, viene representado por la ciudad, ciudades occidentales fuertemente capitalistas, con sus valores inexorablemente occidentales, valga la redundancia. Fábricas, chimeneas que reflejan el mundo industrial, antenas como metáfora de los medios de comunicación de masas y los rascacielos equiparados a Jehová, como metáfora del gran peso de la religión en su vertiente moral: «…Moloch cuyos ojos son un millar de ventanas cegadas. Moloch cuyos rascacielos se yerguen en las largas avenidas como inacabables Jehovas. Moloch cuyas fábricas sueñan y croan en la niebla. Moloch cuyas chimeneas y antenas coronan las cuidades…».

El viaje como búsqueda. El viaje ligado a la figura del automóvil, como elemento transgresor del espacio lineal, es decir, como medio que impide que se arraiguen a un único modo de vida (el modo de vida americano que les ha convertido en lo que no quieren ser), y que les lleva a otros países, especialmente países exóticos, con otro modelo de interpretación de la realidad y donde, por tanto, imperan otros valores. Véase así el ejemplo de Tánger de moral más relajada, en este caso concreto, en cuanto al tema de la homosexualidad. El viaje como huida, pero también como experiencia extrema, que les lleva a sentirse vivos: «..que se retiraron a México para cultivar un hábito, o a Rocky Mount al tierno Buda, o a Tánger en busca de muchachos…»; «…en mis sueños tu caminas chorreando de un viaje por mar sobre la autopista que atraviesa América anegado en lágrimas…». El viaje también se asocia a la fantasía y a los sueños como modo de evasión de la realidad, y de forma muy efectiva a través de las drogas para llegar a la ultraconciencia, como experiencia neomística, como búsqueda de la individualidad, la espiritualidad y la naturalidad. Las drogas, el sexo, soñar… son experiencias intensas que les hacen ser. La forma más extrema de no realidad. La muerte, metáfora presente en cualquier texto beat, sería el último viaje: «…Solideces de salones en Peyote, albas de cementerio de árbol verde en el patio de detrás, borrachera de vino sobre los tejados, barrios de escaparates de locuras automovilísticas parpadeo de neón de luz de tráfico…».

Para ellos, el yo individual, que coincide con el yo budista, es pasajero, un yo vacío, no permanente. El intento por adaptarse a la sociedad imperante, con su capacidad socializadora, es lo que convierte al hombre en un sujeto colectivo, inhumano o deshumanizado y de alguna forma reprimido (que reflejan estéticamente mediante personajes plurales e indefinidos). Al imponérsele ideas prefijadas se rompe el desarrollo ideal del individuo, su éxtasis natural, y queda desprovisto de sus sentidos propios para interpretar su propia realidad, queda un yo desnaturalizado que busca una forma de evasión como son las drogas: «..iban tambaleándose hacia las oficinas de desempleo que caminaban toda la noche con los zapatos llenos de sangre sobre los muelles convertidos en bancos de nieve esperando que una puerta en el East River se abriera a una habitación llena de vaporoso calor y opio…».

El fracaso al intentar adaptarse convierte al individuo en un fracasado, un excéntrico o un vagabundo, literal o no. El vagabundo beat, encarnado en la persona de Herbert Huncke, no solo es la figura del inadaptado, sino de aquel crítico con su entorno, que se margina como protesta ante el sistema y que apela por otra forma de ver el mundo y las relaciones, por la conexión con la naturaleza, por el amor espontáneo: «…pasotas de cabeza de ángel consumiéndose por la primigenia conexión celestial con la estrella dinamo de la maquinaria de la noche…». El temperamento cerebral contamina la mente y provoca la muerte de los sentidos, instrumentos que provocan el paroxismo o el éxtasis del ser humano y que quedan subordinados por este carácter racional: «…estoy contigo en Rockland, donde las facultades del cráneo no admiten ya a los gusanos de los sentidos…». Y sin embargo, la luz de la mente representa el satori (la iluminación), que muestra sus desvaríos o no lógica en un contexto nuevamente de vagabundos, como ellos mismos se denominan: «…desvaríos de lata de basura y bondadosa soberana luz de la mente…». Desnudez mental como medio y como fin, como icono de la libertad de expresión en cualquier ámbito y como forma de descubrir la falsedad y la contradicción del sueño americano, de la hipócrita moral religiosa norteamericana. Desnudez física como medio de protesta, en ocasiones asociada a la libertad sexual, al acto sexual, pero también asociado al hombre anulado por la sociedad, sin la protección de sus instintos: «…que desnudaron sus cerebros ante el cielo bajo Él y vieron tambalearse iluminados ángeles mahometanos sobre los tejados de las casas de alquiler…»; «…Estoy contigo en Rockland, donde abrazamos y besamos a los Estados Unidos bajo las sabanas los Estados Unidos que tose toda la noche y no nos deja dormir…». La telepatía es el fin en la relación individuo-realidad. La Kabala, Poe… son los medios porque constituyen sus propias verdades y conducen a la profundidad del ser humano, metafóricamente reflejada en el término cosmos: «…que estudiaban a Plotino Poe S juan de la cruz telepatía y la Kabala bop porque el cosmos vibraba instintivamente a sus pies en Kansas…». El jazz como la voz de aquellos que han logrado desnudarse internamente y que abiertamente expresan su dolor: «…y alzó reencarnado en las fantasmales vestiduras del jazz en la aúrea sombra de las trompas de la banda y sopló el sufrimiento por amor del desnudo cerebro de América convirtiéndolo en un grito de saxofón eli eli lamna lamna sabatchi que hizo estremecer hasta la última radio…».

El poema-conversación de Apollinaire, que remarca la ausencia de puntuación a favor de una lectura (entonación) que se asemeje al habla cotidiana, conforma una de las características esenciales de la retórica beat. El surrealismo beat se refleja además en sus metáforas visuales o en sus juegos de palabras que acaban convertidos en metonimias. Aquí se ilustra con excitación ocular: «…desbarrando gritando vomitando susurrando hechos y recuerdos y anécdotas y excitaciones oculares y conmociones de hospitales y cárceles y guerras…». Y en general, es una de su mayores herencias la introducción del lenguaje coloquial como elemento estético y expresivo, esencialmente subversivo como reflejo de su burla por la autoridad y por una sociedad castrante y costumbrista: «…que permitían que los virtuosos motoristas les dieran por culo, y gritaban de gozo…».

El interés en este movimiento, más allá del valor literario, reside en sus reivindicaciones, cuyo posterior máximo exponente será el movimiento contracultural de los años sesenta, y que tienen un alcance actual: defensa del individuo como tal, valores más ecológicos, critica a la tecnología, a la economía, a la desigualdad planetaria, al poder excesivo de los medios de comunicación, al conformismo, a la idea de normalidad, al ideal de democracia… Aunque más interesante aún sería analizar como el sistema ha ido absorbiendo, ya no solo sus ideales, sino sus formas de llevarlos a cabo para convertirlos en un producto mainstream despojado de toda capacidad transformadora.

Cristina García
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Un comentario

  1. Perfecto resumen de la generación Beat y brillante final …»más interesante aún sería analizar como el sistema ha ido absorbiendo, ya no solo sus ideales, sino sus formas de llevarlos a cabo para convertirlos en un producto mainstream despojado de toda capacidad transformadora.» Nada más que añadir. Enhorabuena a la autora.

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