Apetito por la extinción – 13 de septiembre de 2017

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El senador John McCain ha amenazado a Corea del Norte con la extinción. No con un ataque destructivo. No con un castigo ejemplar. No. Con la extinción. El fin de la estirpe y la especie. No más kims en Pyongyang. No más Pyongyang. La capital norcoreana desaparecería si los dirigentes de la república pasan de juguetear al armageddon con su líder a la gravedad de un ataque con sus misiles de película de serie b. McCain habla con la voz amplificada de sus patrocinadores: esas empresas de armamento que no dejan de subir con Trump, Obama, Bush o Clinton. El negocio de la guerra necesita villanos, enemigos de la humanidad pacíficamente armada hasta los dientes.

McCain es un héroe de la guerra de Vietnam, en la que participó como piloto. Llevaba un A-4 Seahawk desde el que seguramente lanzó napalm sobre unos vietnamitas a los que más bien les parecería un asesino. McCain extendía aroma a victoria al amanecer hasta que una mañana le derribaron en Hanoi. McCain estuvo de prisionero pero no tardaron en liberarle. Su padre era el jefe de las tropas estadounidenses y sucesor del general Westmoreland, aquel que justificaba la masacre en la vieja Indochina porque, según él, los orientales no valoraban la vida como los occidentales: «lo dice la filosofía asiática: la vida no es importante».

Los novios de la muerte de Estados Unidos intentaron sin éxito ganar en Vietnam lo que sólo habían conseguido en la mitad sur de Corea. Los corazones y mentes surcoreanos fueron conquistados con dólares y armas de Washington, que hoy vigila en el Paralelo 38 la paz más minada del mundo. Corea del Norte responde con pruebas veraniegas de misiles y bombas, con fotos de su líder muerto de risa pero ninguna de su verdadera amenaza: los cañones convencionales que apuntan a Seúl, a apenas 60 kilómetros de distancia. Contra los obuses no valen los escudos antimisiles. A los orientales puede que no les importe la vida, pero saben contar muertos tan bien como en Occidente.

Dice un meme que circula por internet que cómo no vamos a admirar a los norcoreanos si son capaces de descojonarse junto a una bomba de hidrógeno. Pero lo mismo hacen los trabajadores que posan al lado de las bombas atómicas de Boeing con las que se puede hacer saltar el mundo por los aires. Sonríen ufanos. Ni siquiera tienen la mirada melancólica de Oppenheimer mientras le filmaban preparando los proyectiles que destruyeron Hiroshima y Nagasaki. El progreso nos ha borrado la sospecha. Ahora por fin compartimos todos el apetito por la extinción, el deseo de despedirse de la vida como una gran banda de rock. En una avalancha del fuego que camina con nosotros.


Notas de Extramuros es una columna informativa de Siglo 21, en Radio 3. Puedes escucharla en el siguiente audio y acceder al programa pulsando aquí. También puedes revisar todas las Notas de Extramuros en este tumblr.

Víctor García Guerrero
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