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Cinefórum CCLX: «House II, aún más alucinante»

La semana pasada nos paseamos por una historia de casas enormes, identidades erróneas, dopplegangers y herencias. Mucho donde elegir, pero en un giro festivo de las cosas vamos a irnos a ese mundo de legados enigmáticos y malditos, de caserones llenos de misterios… aunque en un plan ochentero desatado. ¿Esto qué quiere decir? Pues que si hay que tener una jungla en un piso, se tiene; que las maldiciones aztecas pueden ser verdad; que los electricistas tienen habilidades muy extrañas; y que, por supuesto, estamos hablando de House II, aún más alucinante.

Cuando hablamos del cine de los años ochenta todos pensamos en Indiana Jones, E.T. el extraterrestre, Regreso al futuro, Terminator… grandes cintas que cambiaron la industria estadounidense y mundial. Pero también nos acordamos de esas pequeñas cintas que llenaban los videoclubs y que iban descubriéndonos el lado salvaje y descarado del cine. Muchas eran películas de terror que, a la estela de esa maravilla que fue Posesión infernal, ya trabajaban la unión del horror con la comedia, apoyándose en unos efectos especiales que empezaban a parecerse a lo que finalmente han llegado a ser. Muchas de ellas se trataban de convertir en grandes sagas que dieran a sus autores la posibilidad de seguir lucrándose durante muchos años con la sencilla acción de poner otro palito al título o, si esa era su preferencia, un número.

Entre todas esas incipientes franquicias, una de las más divertidas es la de House. Tuvo cuatro entregas y, entre 1986 y 1992, le dio bastante dinero a Sean S. Cunningham, su productor y famoso perpetrador de Viernes 13. Cunningham tiene además el notable honor de crear una saga, esta que nos ocupa, en la que sus películas no guardan ninguna relación entre sí más allá de su nombre. A pesar de ello, la cuarta entrega recupera el nombre del protagonista de la primera, porque… bueno, porque se les ocurrió. El caso es que a veces los diamantes aparecen en los lugares más inesperados y House II es un buen ejemplo.

House II

En esta ocasión, bajo la dirección de Ethan Wiley (que había guionizado la primera y trabajado en los efectos especiales de, por ejemplo, El retorno del Jedi), estamos ante una especie de Jumanji adelantada a su tiempo, en la que el horror deja paso a una fantasía moderna de muertos vivientes que pueden ser buenos compañeros de fiesta; en la que puedes acabar con un ptedoráctilo bebé y un perro-oruga como mascotas y en la que nada es imposible a lo largo del metraje. Con cuatro duros, unos actores desconocidos, un pequeño papel para un primerizo Bill Maher y mucha falta de vergüenza, lo que debería haber sido un despropósito de proporciones épicas termina convertido en un disfrute de los que se suelen calificar como placeres culpables. Porque nos cuesta admitir el aspecto más básico de nuestro propio sentido del humor.

House II es una película que hay que ver. Contarla la estropea en exceso, porque sus méritos no son tanto cinematográficos como dependientes de la sorpresa. Pero, antes de que alguien corra a verla por primera vez, merece la pena comentar un par de detalles: el primero es que en Italia se conoce popularmente como La Casa 6, debido a que la citada Posesión Infernal fue considerada la primera de la saga y, tras ella, vinieron su segunda parte, tres exploits italianos, House II y House III; la segunda, ya para terminar, es que si tras ver esta película no sois fans inmediatos de Bill Towner… no tenéis alma.

Ismael Rodríguez Gómez

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