Asturias arde

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Asturias arde, y la última modificación de la Ley de montes es la culpable. Jamás antes hubo tantos incendios provocados, tantos focos activos simultáneamente en el Principado. La anterior oleada de fuegos se produjo en diciembre de 2015, cuando una nueva ley permitió recalificar los terrenos quemados en incendios forestales. La anterior normativa, que databa de 2003, prohibía explícitamente el uso de estas áreas para otro propósito que no fuera la reforestación durante los treinta años posteriores a la quema. Ahora una nueva modificación permite además a la ganadería la utilización de estas tierras y Asturias vuelve a calcinarse.

El pasado 24 de marzo todos los grupos de la Junta General votaron modificar la Ley de Montes del Principado. Esta, promovida por el Partido Popular, autoriza que las reses puedan entrar a pastar en los montes quemados y elimina las sanciones a los ganaderos por traspasar los acotamientos de terrenos en proceso de reforestación, incentivando indirectamente la quema de los bosques asturianos, promoviendo la deforestación para crear terrenos de pasto, destruyendo un ecosistema privilegiado, de sutil equilibrio, del que tan orgullosos se sienten los asturianos y tornando el verde cantábrico en gris interés, gris ceniza.

Una vez aprobada esta modificación, con treinta y cinco votos a favor y tan solo ocho (del grupo de Podemos) en contra, la concentración de ganaderos que se habían desplazado a Oviedo descorchó la sidra achampanada para celebrar, junto con los alcaldes de Onís, Cangas de Onís y Caso, y los representantes del sindicato UCA (Unión de Campesinos Asturianos) la liberalización de quince mil hectáreas quemadas que ya nunca volverán a ser bosque, pues levantadas las acotaciones al pastoreo no volverán a tener sombra, ni biodiversidad, ni más vida que la que los ganaderos decidan, nada más que hierba para el ganado. Expulsados de su hogar, acorralados contra las poblaciones y la actividad humana, ¿adónde irán los corzos, los lobos, los osos, los jabalís?, ¿dónde crecerán los robles ancestrales?, ¿qué raíces amarrarán la tierra cuando lleguen las lluvias?

Durante el pasado 2016, la Comandancia de la Guardia Civil de Oviedo investigó a más de veinte personas relacionadas con otros tantos incendios provocados. Todos ellos eran ganaderos. Contra seis de ellos se encontraron pruebas suficientes para que fuesen puestos a disposición judicial. La motivación de los delitos era la misma en todos los casos: ante la necesidad de pastos, evitar arrendamientos de fincas y gastos de transporte de reses. Sencillamente, quemar el bosque que linda con mi campo para hacerlo campo y meter ahí mis vacas, porque el monte no da nada, no produce nada. El día en que se cumple un mes desde la última modificación, cuarenta incendios activos, provocados, calcinan Asturias y su número crece. Y eso que el verano aún no ha llegado. Esta medida, fabricada por el Partido Popular con la connivencia del socialismo asturiano para contentar al ganadero ahogado por la crisis y agobiado por los paupérrimos precios que marca el mercado, nace como excusa de defensa a un sector que agoniza bajo el pie de las grandes marcas, pero… ¿quién defiende al monte?, ¿quién cuidará el bosque?

Roberto Naveiras, guarda forestal durante más de dos décadas, declaraba en febrero ante la misma Junta General del Principado de Asturias, en una de las sesiones de investigación sobre los incendios de diciembre de 2015; pesimista, anunciaba que «con el panorama actual hay que esperar fuegos cada vez más grandes y con mayor frecuencia» y que «es un deshonor y una vergüenza fallar a la sociedad por culpa de la errónea política forestal de los últimos veinticinco años». El veterano experto en investigación de incendios forestales fue tachado de alarmista, pero tan solo dos meses después vemos que se quedaba corto en sus predicciones. A la errónea política se le suma una catastrófica nueva medida que tan solo busca la rentabilidad económica inmediata, que desinforma a la ciudadanía y se alimenta del desarraigo de una sociedad cada vez menos rural cuyo entorno cae en manos del empresario sin escrúpulo ni conciencia gracias al político irresponsable. Ahora el Principado arde. Asturias, que fuera paraíso natural, ahora es un valle de cenizas, un infierno con vacas.

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